La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a los atletas de élite a mejorar su desempeño

Una nueva investigación sugiere que la Terapia Cognitiva Conductual (TCC) podría ser una poderosa herramienta para ayudar a los atletas de élite a mejorar su desempeño al manejar el estrés de manera más efectiva.

El estudio llevado a cabo en el Reino Unido es el primero en demostrar que la TCC puede cambiar la forma en que los atletas de alto nivel responden al estrés dentro de su deporte y que esto puede tener beneficios significativos para sus emociones y rendimiento.

La investigadora de psicología deportiva, la Dra. Faye Didymus, trabajó con cuatro jugadoras de hockey de alto nivel durante nueve meses, utilizando una técnica de TCC llamada reestructuración cognitiva.

La intervención ayudó a las atletas a identificar qué las puso bajo presión, a entender cómo respondieron emocionalmente y luego las alentó a considerar respuestas alternativas más útiles.

Los resultados fueron inmediatos: las jugadores comenzaron a ver cosas que antes habían visto como amenazas ahora las veían como desafíos, resultando en emociones más positivas y mayor satisfacción con su desempeño.

Didymus, del Carnegie Research Institute de la Universidad Leeds Beckett, dijo: “La reestructuración cognitiva puede ayudar a las personas a tomar el control de lo que piensan sobre el estrés, que es increíblemente potenciador. Esto es particularmente cierto en el deporte donde los individuos tienen que actuar bajo presión, ya sea solos o como parte de un equipo.

” La TCC se ha utilizado en la salud y los entornos empresariales para mejorar el bienestar de las personas y el rendimiento, pero su uso más amplio ha sido en el deporte desde hace mucho tiempo”.

Las jugadoras eran de la Liga Femenil de Hockey, que, aunque amateur, incluye a los mejores equipos de Inglaterra, con jugadoras seleccionadas en la Liga para competir a nivel internacional.

Aunque la mayoría de las jugadoras también están trabajando o estudiando a tiempo completo, los equipos pueden tener hasta cinco sesiones de entrenamiento y dos partidos competitivos cada semana.

El participar en la selección para pertenecer a algún equipo así como  la presencia de reclutadores de Inglaterra para un gran juego fueron algunos de los factores de estrés identificados por las jugadoras durante la investigación.

Otros incluían la falta de comunicación del entrenador con ellas, problemas con compañeras de equipo, grandes multitudes en partidos y pobres decisiones de árbitros.

Las jugadoras fueron evaluadas antes de que el equipo de investigadores comenzara a identificar  quienes serían las más propensas a beneficiarse del programa.

Cada jugadora participó en un programa personalizado en profundidad de la TCC para ayudarles a entender sus pensamientos actuales sobre el estrés, las emociones asociadas y cómo estos podrían ser cambiados por la TCC.

Por ejemplo, para una jugadora que pensaba “Debo jugar bien o arruinaré mi oportunidad de que me seleccionen”, se sugeriría una alternativa, como por ejemplo: “Si juego bien, tengo una buena oportunidad de ser seleccionada” Y de esta forma considerar a la selección como un desafío en lugar de una amenaza.

A las jugadoras se les pidió que pensaran en cómo este pensamiento diferente podría cambiar sus sentimientos o emociones.

A lo largo de los nueve meses, las jugadoras pasaron de considerar teóricamente estas respuestas alternativas y discutirlas con Didymo para llegar a sus propias “alternativas” e integrarlas en sus procesos de pensamiento cuando entrenaban o competían.

Se observó un impacto positivo inmediato en todas las variables relacionadas con el estrés que seleccionó Didymo.

Específicamente, las jugadoras comenzaron a ver los estresores más como desafíos que amenazas, las emociones positivas predominaron, y la satisfacción de rendimiento de las jugadoras comenzó a aumentar. Cuando las jugadoras fueron evaluadas tres meses después del programa, estos beneficios se habían mantenido.

Una de las jugadoras que participó en la investigación explicó sus experiencias de la siguiente manera: “Si pienso en estresores como un reto y no como una amenaza, entonces juego mejor. Aprendí a ver las cosas como un desafío, y esto ha ayudado a mi rendimiento”.

Otra dijo: “Practico el ajuste mental en el entrenamiento de mi hockey, así que me desempeño de manera naturalmente en partidos y nueve veces de diez estoy más satisfecha con mi actuación”.

Dado el éxito del ensayo, Didymus cree que el programa ahora debe ser adaptado y probado a través de una gama de deportes: “El nuestro fue un ensayo pequeño en un deporte así que ahora necesitamos ver si esto puede repetirse en otros deportes con el mismo efecto positivo “, dijo Didymus.

“También nos gustaría integrar medidas objetivas de desempeño en futuros ensayos y ver cómo al mejorar las respuestas de los individuos al estrés puede beneficiar al equipo en su conjunto”.

Fuente: Universidad de Leeds Beckett

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