Brexit y la psicología de la autoexpresión

A raíz de los resultados de la consulta Brexit, muchas personas en todo el mundo han expresado su perplejidad ante lo que consideran una toma de decisión irracional de los votantes. Los comentarios abundan acusando a los votantes que actuaron en contra de su propio interés. Incluso se ha creado una nueva definición, que se puede encontrar en línea, que define “Brexit” como la abreviatura de “pegarse un tiro en el pie”.

Si el interés se define en términos puramente económicos, puede haber algo de verdad en estas acusaciones. Pero los psicólogos saben desde hace tiempo que los humanos consideran mucho más su toma de decisiones cuando se trata de sus bolsillos.

Las entrevistas con los  votantes revelan que su elección fue considerada y conducida por intereses mucho más allá que la economía. “Voté dejar la Unión Europea (UE) porque me sentí empoderado y escuchado “, dijo un votante. Otro citó un deseo de “recuperar el control de nuestro propio destino”. Algunos pensaban que su voto no influiría en el resultado de la consulta popular. Otros asumieron que las consecuencias económicas negativas de salir de la UE tendrían poco impacto en su situación de por sí ya grave. Así, muchos ven que los votantes vieron a su elección como un compromiso entre los posibles costos financieros de salir de la UE, que muchos perciben como insignificantes, y los beneficios inmediatos al poder expresar  su indignación por el elitismo metropolitano y un sistema económico que ha recompensado ricamente a unos pocos a costa de la mayoría: “fue una oportunidad de patear con toda fuerza, para que enviáramos el dolor del otro lado”. Visto desde esta perspectiva, los resultados del referéndum parecen menos sorprendentes.

Las investigaciones sobre el poder de la auto-expresión de hecho muestran que la necesidad de comunicar la frustración con frecuencia predomina al interés económico.

Los resultados son consistentes con informes recientes de que una mayoría de los votantes por dejar la UE fueron motivadas por las preocupaciones acerca de su soberanía: “la capacidad de Gran Bretaña para hacer sus propias leyes”, fue la razón principal por la que rechazaron a la UE.

Por desgracia, algunos que votaron por dejar a la UE lamentan ahora sus decisiones. Mientras que los beneficios emocionales de la autoexpresión son inmediatos, estos pueden ser de corta duración. Mientras tanto, los costos económicos y sociales del Brexit se harán sentir en las generaciones venideras.

Una diferencia importante entre los que estuvieron en contra de la UE y los que  estuvieron a favor, es que los primeros sabían  exactamente quién es responsable de su destino económico. En cambio los que votaron a favor pueden sentirse muy frustrados porque no hay una sola persona o institución a la cual culpar por los resultados del referéndum.

La psicología de la auto-expresión nos enseña que la gente utiliza los canales a su alcance para que su voz sea escuchada. El Brexit ilustra los peligros de la vinculación de esos canales con el destino de la economía mundial. La frustración por la desigualdad económica no es única en el Reino Unido; sentimientos similares alimentan la creciente popularidad de Donald Trump en los EE.UU. y ambas partes de extrema izquierda y la extrema derecha en toda Europa.

Fuente: www.theguardian.com

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