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Estos son los factores psicológicos que pueden explicar la violencia entre los extremistas musulmanes y occidentales

Curación de Contenido por Gustavo Novelo

Una nueva investigación ha descubierto que las razones del comportamiento extremo de los occidentales que atacan a musulmanes y musulmanes que se involucran en el terrorismo contra Occidente son las mismas.

En cinco estudios entre tres grupos y siete contextos culturales, los investigadores de Dinamarca, Noruega, Suecia y los Estados Unidos muestran que los mismos procesos psicológicos explican la hostilidad mutua fuera del grupo entre los occidentales no musulmanes, las minorías musulmanas que viven en Occidente y los musulmanes que viven en el medio Oriente.

Para el estudio, los investigadores preguntaron a 705 musulmanes y 522 occidentales no musulmanes sobre sus actitudes hacia el otro grupo.

El estudio encontró que mientras más personas sienten que el otro grupo amenaza su cultura, tradiciones, normas, valores y forma de vida, mayor es su intención de atacar y mostrar hostilidad hacia ellos.

Los hallazgos se realizaron independientemente de si los encuestados eran occidentales que viven en los Estados Unidos o Escandinavia o si eran musulmanes que viven en Europa o en Oriente Medio, informaron los investigadores.

Curiosamente, el miedo al terror, la guerra y la ocupación, o la pérdida de bienestar económico y físico, hicieron poca diferencia, señalaron los investigadores.

En otras palabras, los occidentales y musulmanes no musulmanes no parecen mostrar hostilidad entre ellos porque perciben que su seguridad física está amenazada, sino porque perciben que sus culturas, valores, normas, moralidad, filosofía e identidad son incompatibles, explicaron los investigadores.

Un choque de culturas “imaginándolo o percibiéndolo puede ser la base de la violencia y la hostilidad entre algunos musulmanes y no musulmanes”, concluyó diciendo el Dr. Milan Obaidi, investigador del Departamento de Psicología de la Universidad de Uppsala en Suecia.

El estudio fue publicado en el European Journal of Social Psychology.

Fuente: Universidad de Uppsala

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