Hoy recordamos a Freud a 75 años de su muerte

Al cumplirse los 75 años de la muerte  de Sigmund Freud, recordamos a un hombre que convirtió el sentido de su vida en la búsqueda de conocimiento del ser humano a profundidad, superando todas las oposiciones y combates, incluso contra un cáncer de mandíbula que padeció desde 1923, y por el que fue sometido a más de 30 operaciones. No por ello se apartó de la investigación teórica —fue la etapa más prolífica de su obra—, ni abandonó la labor clínica con sus pacientes, ni dejó de escribir hasta sus últimos días.

Freud se relacionó con todas las personalidades de su época, pero, fiel a su formación, prefería el clasicismo al modernismo. Sófocles, Shakespeare, Goethe, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel ocupaban un lugar importante en su historia y en su corazón, como quedó reflejado en toda su obra. Aunque él nunca rehusó conocer las nuevas tendencias y se vinculó con la cultura emergente.

Había recibido una educación abierta a la filosofía de las Luces, le atraía la ciencia positiva; Goethe, poeta y científico al que siempre admiró, guio sus pasos al comienzo de su formación, y cuando estudiaba Medicina en la Universidad de Viena siguió el modelo biológico de Darwin. Siendo ateo de educación, era un asiduo lector de la Biblia, asistía a las clases de fisiología de Ernst Brücke y al seminario de filosofía de Brentano sobre Aristóteles.

Entre 1880 y 1938 Freud creó el psicoanálisis. En ese contexto produjo su obra y vio la luz el “movimiento psicoanalítico”, un primer núcleo de discípulos que se reunieron para oír sus conferencias y que desembocó en la constitución de la Sociedad Psicoanalítica de Viena en 1910.

Con el avance del nazismo, su desesperanza fue en aumento, así como el pesimismo sobre el futuro de la humanidad. Descubrió el triunfo de la “bestialidad” sobre la razón en El malestar en la cultura, de 1930, y anticipando el advenimiento de la Segunda Guerra escribió: “… Hoy los seres humanos han llevado tan adelante su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza que con su auxilio les resultará fácil exterminarse unos a otros, hasta el último hombre. Ellos lo saben, de ahí buena parte de la inquietud contemporánea, de su infelicidad, de su talante angustiado… ¿Quién puede prever el desenlace?”.

Sus escritos se relacionan mucho con la situación en la que Feud vivía: una profunda crisis económica, política y social; un periodo entre siglos que puede, en cierto sentido, guardar analogía con el presente. La interrogación acerca del porvenir, la corrupción de los políticos, la caída de los valores de nuestra cultura actual, evocan aquella época que, aunque no equivalente, puede ser un modelo de reflexión actual.

Hoy recordamos a un científico y pensador cuya dimensión espiritual, su cultura y sensibilidad estética atravesaron todos los discursos culturales y artísticos, la influencia de su palabra y de su descubrimiento es insoslayable. Nos enseñó también que en los rincones más oscuros de la naturaleza humana anida el fulgor de la vida, la grandeza del amor, la expectativa de que pueda abrirse una ventana a la esperanza en el futuro de la humanidad.

Fuente: http://cultura.elpais.com

 

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