La aerofobia es más común de lo que podríamos pensar

Un 13% de la población padece de miedo a volar y un 14% adicional dice no padecerlo, aunque presenta malestar al subir en avión. No hay un patrón claro que se aplique a estas personas: cualquiera puede tener miedo, por diversos motivos, y su forma de afrontarlo es diferente. Este miedo puede condicionar muchos aspectos de nuestra vida, por lo que es importante intentar buscar una solución para superarlo.

El miedo a volar se manifiesta con sensaciones físicas desagradables (sudor, taquicardia, ahogo, temblores, etc.), pensamientos negativos (“voy a tener un ataque de pánico”, “voy a perder el control”, “voy a morir”, etc.) y conductas de huida o evitación (beber alcohol o tomar tranquilizantes para subir al avión, volar solo si hace buen tiempo o únicamente en determinados tipos de aviones, o directamente, no volar, escogiendo otros medios de transporte si es posible).

Las consecuencias del miedo a volar pueden ser muy importantes, sobre todo porque puede impactar negativamente en nuestra vida familiar, laboral, social y de esparcimiento.

Como ya se dijo, no hay un perfil determinado de personas que tengan más riesgo que otras para presentar este problema. En todo caso, lo único que sabemos es que afecta ligeramente más a mujeres y a las personas que en general son nerviosas o con tendencia a preocuparse con más facilidad.

Para todo tipo de fobia es recomendable usar diversas  estrategias psicológicas para obtener mejoras, estas pueden incluir  desensibilización sistemática, exposición imaginal, psicopedagogía y, especialmente, en aquellos casos asociados a agorafobia, utilizar prudentemente la psicofarmacología como instrumento para disminuir el miedo y convertir la exposición al vuelo en algo razonablemente asumible que permita a la persona controlar  sus sentimientos de miedo o de pérdida de control.

Fuente: EFE SALUD

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