DINERO

Nuevos estudios demuestran la relación entre el dinero y la felicidad

Curación de Contenido por Gustavo Novelo

Los resultados tal vez parezcan obvios a primera vista en el sentido de que las personas con ingresos más altos son, en general, más felices que los que luchan para sobrevivir. No obstante, al analizar los hallazgos detenidamente, resultan más sorprendentes y mucho más útiles.

Las últimas investigaciones indican que la riqueza por sí sola no ofrece ninguna garantía de una buena vida. Mucho más importante que un ingreso alto es cómo se gasta. Por ejemplo, regalar dinero genera mucha más felicidad en las personas que derrocharlo en sí mismos. Y cuando lo gastan, las personas son mucho más felices cuando lo usan para experiencias como viajes.

Numerosos estudios en los últimos 10 años han demostrado que las experiencias de la vida nos dan un placer más duradero que las cosas materiales y, sin embargo paradójicamente la gente prioriza los bienes tangibles.

En un estudio publicado este año por la Universidad Estatal de San Francisco, halló que la gente piensa que las compras materiales ofrecen un mejor valor porque las experiencias son efímeras y los bienes duran más.

Por lo tanto, si bien las personas de vez en cuando gastan en grandes vacaciones o entradas para conciertos, cuando son más cuidadosos en como distribuyen su dinero se quedan con los bienes materiales.

La paradoja del dinero es que, si bien ganar más tiende a mejorar nuestro bienestar, nos hace más felices regalarlo que gastarlo nosotros mismos.

Lo que afecta la felicidad no es tanto la cantidad de dinero que se da, sino el impacto que uno percibe de la donación. Si ve que su dinero marca la diferencia en la vida de alguien más, lo hará feliz incluso si la cantidad que dio es baja.

Los investigadores dividen la felicidad en dos componentes. El primero es “evaluativo” que es el sentimiento de que nuestra vida es buena, si estamos satisfechos con nuestra vida, el estar progresando hacia nuestras metas, etc. El otro es “afectivo”, que mide con qué frecuencia uno siente emociones positivas como la alegría, el cariño y la tranquilidad, comparado con emociones negativas.

En relación al punto anterior un estudio de la Universidad de Princeton informo que cuando analizaron mediciones afectivas, la felicidad no aumentaba después de que una familia alcanzaba un ingreso anual de aproximadamente US$75.000. No obstante, notaron un consistente aumento de satisfacción general con su vida después de que lo hacían de manera evaluativa.

La conclusión es que cuando uno no tiene mucho dinero, una pequeña suma adicional puede hacer una gran diferencia, debido a que hay más necesidades esenciales que cubrir. Pero a medida que uno acumula riqueza, se vuelve más difícil seguir “comprando” más felicidad.

Fuente: http://www.sexenio.com.mx

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