¿Por qué dejamos las cosas para el último minuto?

La dilación (procrastination en inglés) puede parecer como una compulsión autodestructiva, pero una gran cantidad de investigaciones sugieren que puede ser una buena conducta, ya sea o no que la fecha límite sea movida a ultima hora. El profesor Adam Grant, un psicólogo estadounidense y autor de varias publicaciones, dice que hay que hacer tiempo para posponer las cosas como una manera de alimentar la creatividad. En su libro, Originales: Cómo los no conformistas mueven el mundo (Originals: How Non-Conformists Move the World), argumenta que las personas creativas tienden a posponer las cosas.

Anna Abramowski, una psicóloga británica que ha estudiado el fenómeno de la dilación en la Universidad de Cambridge, dice que las personas que “posponen las cosas de forma activa muestran un cierto nivel de autosuficiencia, autonomía y confianza en sí mismas, ya que son conscientes del riesgo de someterse a sí mismas a las presiones de última hora y todavía decidir conscientemente lo que van a hacer. Esto puede ser una buena conducta, ya que estimula la creatividad y les permite participar en múltiples tareas al mismo tiempo”.

Otras causas sugeridas sobre la dilación incluyen haber tenido una educación estricta, en el que dejar las cosas hasta el último minuto se convierte en una forma de rebelión. También influyen los rasgos de personalidad heredados, y un miedo al fracaso o incluso al éxito. Al hacer algo demasiado pronto y demasiado bien se arriesga uno a conseguir más cargas de trabajo y responsabilidad. O, dicho de otra manera, hay personas que hacen mal las cosas para poder culpar su fracaso a la dilación más que a una deficiencia.

Hay una razón más simple que puede aplicarse en la dilación: la percepción general que los seres humanos tenemos del tiempo en términos de las estaciones del año, semestres, trimestres, etc. En un estudio diseñado para mostrar cómo funciona esto, se les dijo a 295 personas que abrieran una cuenta bancaria para un fondo de caridad. Por hacer esto, ellos serían recompensados si el fondo acumulaba una cierta cantidad en seis meses. A los que se les dio un plazo de diciembre en el mes de junio eran mucho más propensos a abrir la cuenta antes que los que se les dio un plazo a enero en  el mes de julio.  Para estos últimos, percibían la fecha límite como muy lejana como para preocuparse cuando en realidad era el mismo tiempo que se les había dado al primer grupo.

Fuente: www.theguardian.com

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