¿Qué tan bueno o malo es ser tacaño?

Quizá la figura más representativa sobre las personas tacañas es el personaje del Sr Srooge del cuento de Navidad de Dickens. A lo largo de la historia se han conocido casos reales y tal vez nosotros conocemos casos de personas que a pesar de tener mucho dinero no gastan prácticamente ni un centavo.

En la historia, desde siempre, quedan constancias de la existencia de este tipo de personas, apegado a la riqueza, que recibe y no da, que siente un gran placer al acumular riqueza. Teofrasto ya decía que estos hombres carecían de generosidad cuando se trataba de gastar dinero. Aristóteles los tenía muy bien categorizados: los diferenciaba entre los que son deficientes en el dar (tacaños) y los que son excesivos en el tomar (avaros).

El tacaño es el que vive preocupado de que no se gaste ni un centavo de su dinero. Reprime severamente a los que gastan su dinero; son los que se la viven apagando las luces de la casa, colocando lámparas de bajo voltaje; recortando todo lo que él o ella considera gasto excesivo (que para otros son los gastos normales en una casa), y somete a todos a su alrededor (familia o empleados) a una situación de casi hambruna y baja calidad de vida.

Pero, el tacaño tiene una particularidad: pude gastar para él, para su placer pero no para otros. O son aquellos que son miserables durante todo el año, que amargan a sus familiares con sus recriminaciones por los gastos, que vive cuidando el centavo, y que, en las vacaciones o en un viaje, de pronto gastan una fortuna en situaciones o cosas inútiles. O bien se compran, para ellos, costosos equipos de audio o cualquier otro derroche

El tacaño es insufrible para convivir. Sólo una persona de mucha tolerancia, y muy especial, puede estar al lado de un sujeto así, que está con una lupa y una calculadora en la mano; que avergüenza a todos pidiendo rebajas hasta en los precios de las mercaderías más baratas. Que pierde tiempo caminando con tal de encontrar un producto unos centavos menos caros. Que viste como un pordiosero.

El comportamiento excesivamente cuidadoso con el dinero se trata de un rasgo de la personalidad que se ha producido desde la infancia, bien sea como producto de la educación, cuando los padres retienen tanto el dinero como el afecto, o como respuesta a la carencia de afecto en la etapa de la niñez.

Son pocas las teorías psicológicas acerca del tema, Freud relacionó la tacañería con la etapa anal en la infancia, en la que el niño encuentra una manera de vengarse del autoritarismo de los padres reteniendo lo único sobre lo que se tiene poder a esa edad, la materia fecal; este comportamiento se prolonga hasta la adolescencia y la adultez pero reteniendo todo aquello sobre lo que se tiene poder, ya no los desechos biológicos sino el dinero, los objetos o el afecto. Es una explicación discutible pero no hay muchas otras que se opongan a ella.

¿La tacañería tiene cura?

La personalidad del tacaño es compleja, sus patrones de conducta están definidos por la percepción de que todo gasto es excesivo. La tacañería hace parte de la estructura de la personalidad de un individuo, de ahí la dificultad de cambiar este rasgo muchas veces mezquino que puede representar un peligro en las relaciones de pareja.

Disuadir a los tacaños de su comportamiento resulta bastante complejo porque, por lo general, tienen una imagen muy positiva de sí mismos y consideran que lo acumulado en la vida responde a su estricto y organizado esquema de retención. El tacaño tiende a considerar que tiene la razón en cuanto a la manera como administra su dinero y que los demás son simples despilfarradores.

Hay quienes afirman que la tacañería puede aminorarse si las personas pertenecientes a los círculos más cercanos al tacaño hacen evidente las múltiples cosas que está dejando de disfrutar y las diferentes amistades o relaciones que puede perder de seguir anteponiendo la acumulación de dinero a los demás aspectos humanos.

Por otro lado hay quienes consideran que persuadir a un tacaño de que tiene un problema es u a tarea imposible, y que se podría decir que los pronósticos de cura son bajos.

No hay mal que dure cien años, sin embargo, la tacañería se acentúa con la vejez, esto tiene que ver con el incremento natural de la inseguridad que acompaña a la madurez. Por eso se sugiere a las personas que están buscando pareja o socios en algún negocio, que se alejen de los tacaños, porque el amor o la amistad o no corrige este tipo de rasgos del carácter.

http://www.fucsia.co

 

 

 

 

 

 

 

Deja un comentario