¿Somos adictos a ciertos alimentos o a comer compulsivamente no importando lo que ingiramos?

Un nuevo artículo del el consorcio de investigadores NeuroFAST, y publicado en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews concluye que somos adictos a comer y no a la comida.

El hallazgo recoge argumentos sobre la supuesta adicción que provocan alimentos, componentes o sustancias alimenticias concretas.

El trabajo concluye que hasta la fecha, no existe evidencia científica que apoye la hipótesis de que los alimentos involucran mecanismos cerebrales.

La gente trata de encontrar explicaciones racionales para el sobrepeso y es fácil culpar a los alimentos. Es cierto que algunos alimentos son más atractivos que otros, debido en parte a su capacidad para estimular vías de recompensa en el cerebro –también activadas por algunos comportamientos naturales, como el sexo, y algunas drogas.

Sin embargo, la evidencia científica actual no apoya la idea de que los distintos componentes de los alimentos ejerzan los mismos efectos que las drogas adictivas en nuestros cerebros. Con la posible excepción de la cafeína, no hay pruebas significativas en humanos de que cualquier alimento, o sus componentes, puedan causar cambios en el cerebro que se asemejen a los observados por consumo de alcohol o nicotina.

Es evidente que algunas personas tienen una relación de dependencia con los alimentos, en el sentido de comer en exceso a pesar de ser conscientes de las graves consecuencias para su salud. Pero sigue siendo una fuente de controversia sustancial el considerar que la comida desarrolle una conducta adictiva similar a las drogas.

La buena noticia para la industria de la alimentación es que no hay evidencia de que los alimentos o nutrientes particulares provocan directamente una adicción basada en una determinada sustancia. La mala noticia es que, si se asume que la adicción a comer es frecuente, indica que depende de un entorno que fomenta su desarrollo.

De esa forma, la facilidad de acceso y una amplia exposición a un gran número de alimentos sabrosos y baratos pueden implicar un riesgo elevado de desarrollar una adicción como el comer compulsivo.

Gracias al trastorno de adicción al juego, sabemos que tanto un tratamiento individualizado y una prevención estructural –como la reducción del número de salas de juego, la restricción de la publicidad de la promoción de los juegos de azar y el cumplimiento de las restricciones de edad– son eficaces en un gran número de pacientes. De una forma similar se requiere poner en práctica acciones integrales preventivas.

Si quieres leer más sobre este artículo puedes buscarlo como:

“Eating addiction”, rather than “food addiction”, better captures addictive-like eating behavior. Neuroscience & Biobehavioral Reviews. Available online 6 September 2014.

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