UNA MIRADA AL SUICIDIO INFANTIL

A pesar de ser un tema alarmante, en la mayoría de los casos, el presentimiento del acto suicida infantil no despierta gran interés por parte de los padres, familiares o médicos del niño, pues la mayoría considera a estas manifestaciones previas al suicidio como una forma de llamar la atención o manipulación del infante, aparece entonces el suicidio como el último recurso para escapar de un gran sufrimiento o de una situación para la cual el niño no encuentra salida.

El fin de la infancia y el comienzo de la adolescencia son períodos de cambio que presentan múltiples desafíos, tales como cambios hormonales, mayores responsabilidades, nuevos tipos de relaciones personales, entre otros, lo cual puede llevar a generar pensamientos negativos en el niño.

Es importante no pasar por alto en esta etapa de la vida ciertas manifestaciones que un niño puede presentar, más aún si está atravesando algún momento significativo y difícil, tal como puede ser la pérdida de un ser querido, divorcio de los padres, mudanzas, cambio de institución educativa, bullying, maltrato infantil, violencia doméstica y abuso sexual.

El pilar fundamental es detectar y comprender los signos y señales antes de que los niños lleguen al suicidio. Tanto padres como otras personas cercanas al niño deben prestar atención a su comportamiento y a sus actividades de forma que sea posible detectar signos que sugieran la presencia de depresión o pensamientos suicidas. Entre estos pueden estar presentes trastornos del sueño (dormir mucho o muy poco), pérdida del apetito, aislamiento, pérdida de interés, disminución del rendimiento escolar, abuso de drogas, llanto fácil, tristeza, pensamiento suicida, pérdida del apetito y/o peso, pérdida del interés en las actividades preferidas, absentismo escolar, agresividad física o psicológica, deterioro de la apariencia e higiene personal, vinculación con riesgos innecesarios, interés por temas de muerte, envío de mensajes tanáticos por internet, bajas notas o problemas escolares inusuales, dificultad para concentrarse, pensamientos negativos respecto a sí mismo.

Ante el riesgo de suicidio en los niños, lo más importante es la atención inmediata por parte de los miembros de la familia y del personal educativo, quienes deben apoyar al niño y no descuidar o denigrar sus sentimientos y problemas, especialmente si está atravesando un período estresante o cambios profundos en su vida.

Los maestros, médicos y psicólogos escolares deben estar entrenados para detectar signos de alarma y responder ante ellos. Los padres que sospechan que su hijo tiene pensamientos suicidas deben inmediatamente buscar la ayuda con un centro de Atención en Salud Mental.

Si los síntomas y signos revelan una situación de gravedad inminente, es importante que el niño sea evaluado por un médico para determinar si sufre problemas mentales o comportamentales. Esto debería derivar en un tratamiento psicológico o psiquiátrico, prescripción de medicación y, de ser necesario, internación hospitalaria.

Fuente: http://www.elheraldo.com.ec/

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