Un nuevo estudio publicado en la revista Computers in Human Behavior encontró que las diferencias cognitivas entre los jugadores de videojuegos dependen más del nivel de adicción que del tiempo dedicado a jugar. Mientras que las personas con riesgo de desarrollar trastorno por videojuegos mostraron problemas de memoria y mayor impulsividad, los jugadores recreativos presentaron incluso algunas ventajas relacionadas con la atención.
La investigación fue realizada por científicos de la Universidad Eötvös Loránd, en Hungría, quienes analizaron cómo funcionan ciertos procesos mentales en tres grupos: personas que no juegan videojuegos, jugadores frecuentes sin señales de adicción y jugadores con riesgo de trastorno por videojuegos.
El trastorno por videojuegos, reconocido oficialmente por la Organización Mundial de la Salud, se caracteriza por la incapacidad de controlar el tiempo de juego, priorizando esta actividad sobre la vida diaria, las relaciones personales o las responsabilidades laborales y escolares.
Los investigadores aplicaron diversas pruebas psicológicas para evaluar memoria, atención, control de impulsos y formación de hábitos automáticos. Los resultados mostraron que quienes tenían riesgo de adicción obtuvieron peores resultados en tareas relacionadas con la memoria de trabajo, es decir, la capacidad de retener y manejar información temporalmente. También cometieron más errores impulsivos al responder ciertas pruebas.
Por otro lado, los jugadores recreativos demostraron una mayor rapidez y atención en algunas tareas cognitivas en comparación con quienes no juegan videojuegos. Esto sugiere que jugar de manera equilibrada no necesariamente perjudica el funcionamiento mental y, en algunos casos, podría fortalecer ciertas habilidades cognitivas.
Uno de los hallazgos más importantes fue que no se encontraron diferencias significativas en la formación automática de hábitos entre los grupos, lo que cuestiona la idea de que las adicciones siempre están relacionadas con un sistema de hábitos “descontrolado”.
Los autores señalan que el problema no parece ser el videojuego en sí, sino la pérdida de control sobre esta actividad. También aclaran que el estudio no permite determinar si la adicción causa los problemas cognitivos o si algunas personas ya tenían dificultades previas que las hacen más vulnerables a desarrollar conductas adictivas.
En conclusión, la investigación sugiere que jugar videojuegos de forma moderada y saludable no representa un riesgo importante para el cerebro. Sin embargo, cuando el juego se vuelve compulsivo y afecta la vida cotidiana, pueden aparecer dificultades relacionadas con la memoria, la atención y el control de impulsos.
Referencias:
Título: Game on or gone too far? Executive functioning and implicit sequence learning in problematic vs. recreational gamers.
Autores: risztina Berta, Zsuzsanna Viktória Pesthy, Teodóra Vékony, Bence Csaba Farkas, Orsolya Király, Zsolt Demetrovics, Dezső Németh y Bernadette Kun.
Publicado en: Computers in Human Behavior.
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