Un estudio reciente sugiere que nuestro cerebro no utiliza los mismos criterios para juzgar la belleza en todas las formas de arte visual. Investigadores analizaron fachadas de edificios históricos de París y pinturas realizadas durante el mismo período (1853-1870) y encontraron diferencias importantes en las características visuales que predominan en cada una.
Tradicionalmente, muchos modelos científicos han asumido que las personas valoran la belleza utilizando reglas universales, independientemente de si observan una pintura, una escultura o un edificio. Sin embargo, los resultados de esta investigación indican que la realidad podría ser más compleja.
Los científicos estudiaron 55 fachadas de edificios parisinos y 142 pinturas de artistas franceses conservadas en los museos del Louvre y de Orsay. Mediante herramientas informáticas evaluaron aspectos como la complejidad visual, la simetría, el equilibrio, los patrones repetitivos, las líneas predominantes y el uso del color.
Los resultados mostraron que los edificios presentan una mayor simetría, equilibrio y repetición de patrones. Además, predominan las líneas verticales y horizontales, lo que transmite una sensación de estabilidad y orden. Esto tiene sentido, ya que una construcción desequilibrada podría generar inseguridad o incomodidad en quienes la observan.
Las pinturas, por el contrario, suelen ser más asimétricas y variadas. Los artistas tienden a distribuir los elementos de manera desigual y utilizan líneas inclinadas o composiciones menos equilibradas para crear movimiento, emoción o dramatismo. También se observaron límites menos definidos entre los sujetos y el fondo de la obra.
A pesar de estas diferencias, ambos tipos de obras compartían una preferencia por tonos cálidos y anaranjados, lo que podría reflejar una inclinación humana general hacia colores asociados con sensaciones agradables y relajantes.
Según los autores, estos hallazgos sugieren que los valores estéticos dependen del contexto. En otras palabras, aquello que consideramos bello en la arquitectura no necesariamente coincide con lo que valoramos en una pintura.
No obstante, los investigadores reconocen algunas limitaciones. El estudio analizó obras terminadas, pero no evaluó directamente las respuestas de las personas al observarlas. Además, se centró únicamente en el París del siglo XIX, por lo que futuras investigaciones deberán explorar otras épocas y culturas para comprobar si estos patrones se mantienen.
En conclusión, la belleza no parece regirse por una única fórmula universal. El cerebro adapta sus criterios según lo que está observando, demostrando que nuestra apreciación estética es más flexible y contextual de lo que se pensaba.
Referencias:
Título: Domain-Specific Aesthetic Values: A Comparison of Paintings and Architecture.
Autores: Norberto M. Grzywacz, Consuelo M. Correa e Ivan Correa-Herran.
Publicado en: Psychology of Aesthetics, Creativity, and the Arts.
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