Una nueva investigación psicológica sugiere que, cuando hablamos con otras personas sobre nuestros éxitos y fracasos, no siempre buscamos causar una buena impresión. Muchas veces adaptamos lo que contamos pensando en cómo se sentirá la otra persona.
El estudio, realizado a través de nueve investigaciones con más de 8,000 participantes, encontró un patrón interesante: las personas son mucho más propensas a compartir sus fracasos cuando su interlocutor también ha fracasado. En cambio, cuando tienen un éxito y la otra persona ha tenido un resultado negativo, suelen ser más cuidadosas al compartir sus buenas noticias.
Por ejemplo, en uno de los experimentos, el 87 % de los participantes estuvo dispuesto a compartir un fracaso después de conocer el fracaso de otra persona, mientras que solo el 70 % compartió un éxito cuando el interlocutor también había tenido éxito. Cuando los resultados eran diferentes, compartir un fracaso después de conocer un éxito fue mucho más frecuente que compartir un éxito después de conocer un fracaso.
Los investigadores encontraron que este comportamiento estaba especialmente relacionado con la empatía. Cuando las personas apreciaban a su interlocutor, tendían a compartir experiencias negativas similares para hacerlo sentir acompañado y a ocultar o suavizar sus propios éxitos para evitar lastimarlo. Algunas incluso retrasaban la noticia positiva, ofrecían primero palabras de apoyo o modificaban la forma de contarla.
Los experimentos en conversaciones reales confirmaron esta tendencia. Cuando dos personas habían fracasado, el 96 % compartió su fracaso; cuando ambas habían tenido éxito, lo hizo el 73 %. Además, las personas fueron más cuidadosas al comunicar buenas noticias cuando su interlocutor estaba pasando por una situación peor.
En conjunto, los resultados sugieren que nuestras conversaciones están influenciadas no solo por la necesidad de proteger nuestra propia imagen, sino también por el deseo de cuidar emocionalmente a los demás. Compartir un fracaso puede convertirse en una forma de decir: “No estás solo”.
Sin embargo, los investigadores advierten que todavía no se sabe si ocultar o suavizar los éxitos realmente ayuda a la otra persona. En algunos casos, descubrir posteriormente que alguien ocultó una buena noticia podría generar sentimientos de exclusión o menosprecio. Además, la mayoría de los participantes provenía de países occidentales, por lo que las diferencias culturales podrían modificar estos comportamientos.
El estudio muestra, en definitiva, que incluso cuando hablamos de nosotros mismos, muchas veces estamos pensando en los sentimientos de quien nos escucha.
Referencias:
Título: Responses to Outcome Disclosure: People Asymmetrically Disclose or Hide Their Outcomes to Protect Others’ Emotions.
Autores: Emily Prinsloo, Irene Scopelliti, George Loewenstein y Joachim Vosgerau.
Publicado en: Organizational Behavior and Human Decision Processes.
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