DEPORTIVA

El ejercicio podría posponer o incluso prevenir la aparición de demencia

Curación de Contenido por Gustavo Novelo

Un nuevo estudio ha demostrado que el ejercicio altera el flujo sanguíneo cerebral y mejora el rendimiento cognitivo en adultos mayores, pero no de la forma en que uno podría pensar.

El nuevo estudio de investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Maryland encontró que el ejercicio se asoció con una mejor función cerebral en un grupo de adultos diagnosticados con deterioro cognitivo leve (DCL) y una disminución en el flujo sanguíneo en regiones clave del cerebro.

“Una reducción en el flujo sanguíneo puede parecer un poco contraria a lo que supondría que sucede después de participar en un programa de ejercicios”, dijo el Dr. J. Carson Smith, profesor asociado en el Departamento de Kinesiología. “Pero después de 12 semanas de ejercicio, los adultos con DCL experimentaron disminuciones en el flujo sanguíneo cerebral. Simultáneamente, mejoraron significativamente en sus puntuaciones en las pruebas cognitivas”.

Según Smith, para las personas que están comenzando a experimentar una pérdida sutil de la memoria, el cerebro está en “modo de crisis” y puede intentar compensar la incapacidad de funcionar de manera óptima aumentando el flujo sanguíneo cerebral.

Si bien el flujo sanguíneo elevado generalmente se considera beneficioso para la función cerebral, existe evidencia que sugiere que en realidad puede ser un presagio de una mayor pérdida de memoria en aquellos diagnosticados con DCL, anotó el Dr. J. Carson Smith.

Los hallazgos del nuevo estudio sugieren que el ejercicio puede tener el potencial de reducir este flujo sanguíneo compensatorio y mejorar la eficiencia cognitiva en aquellos que se encuentran en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.

Un grupo de control de adultos mayores cognitivamente sanos sin deterioro cognitivo leve también se sometió al programa de entrenamiento con ejercicios, que consiste en cuatro sesiones de 30 minutos de caminata en cinta de moderada intensidad por semana.

Los investigadores descubrieron que el programa produjo diferentes respuestas en cada grupo.

A diferencia del grupo con DCL, cuyo entrenamiento físico disminuyó el flujo sanguíneo cerebral, el entrenamiento físico incrementó el flujo sanguíneo cerebral en la corteza frontal en el grupo sano después de 12 semanas. Su rendimiento en las pruebas cognitivas también mejoró significativamente.

Los cambios en el flujo sanguíneo cerebral se midieron en regiones específicas del cerebro que se sabe que están involucradas en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Estas áreas incluyen la ínsula (involucrada en la percepción, control motor, autoconciencia y funcionamiento cognitivo), la corteza cingulada anterior (involucrada en la toma de decisiones, anticipación, control de impulsos y emoción) y la circunvolución frontal inferior (involucrada en el procesamiento del lenguaje y discurso).

De acuerdo con los investigadores, entre los pacientes con DCL, el flujo sanguíneo cerebral disminuido en la ínsula izquierda y en la corteza cingulada anterior izquierda se correlacionaron fuertemente con un mejor rendimiento en una prueba de asociación de palabras utilizada para medir la memoria y la salud cognitiva.

Una publicación previa de este estudio se centró en cómo la intervención del ejercicio influyó en los cambios en las redes neuronales del cerebro que se sabe están asociadas con la pérdida de memoria y la acumulación de amiloide, que son signos de DCL y de Alzheimer.

“Nuestros hallazgos proporcionan evidencia de que el ejercicio puede mejorar la función cerebral en personas que ya tienen deterioro cognitivo”, dijo Smith. “Tenemos interés en identificar a las personas que tienen un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer antes en el proceso de la enfermedad. “Estamos viendo que el ejercicio puede afectar a los biomarcadores de la función cerebral de una manera que podría proteger a las personas al prevenir o posponer el inicio de la demencia”.

El estudio fue publicado en la revista Journal of Alzheimer’s Disease.

Fuente: Universidad de Maryland

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