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El paso a Educación Secundaria, recomendaciones de la APA para reducir el malestar

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Curación de Contenido por Gloria Remírez

El paso de Educación Primaria a Secundaria coincide con diversos cambios trascendentales en el desarrollo de los niños y las niñas. La mayoría se encuentra en plena pubertad, comienza a adquirirse una mayor conciencia de la propia identidad, su pensamiento se vuelve más crítico y complejo, y las relaciones entre iguales cobran más importancia. A su vez, algunos adolescentes manifiestan con frecuencia cierto malestar con respecto al desempeño escolar y la motivación académica.

Así lo indica la Asociación Americana de Psicología (APA-American Psychological Association) en un artículo publicado en su página Web, a través del cual explica la transición de la Educación Primaria a la etapa Secundaria, las problemáticas que pueden surgir en este paso y establece una serie de recomendaciones dirigidas a madres y padres y profesorado para ayudar a niños, niñas y adolescentes a solventarlas.

Tal y como afirma la APA, durante la transición a Secundaria, se produce un cambio en el sistema de apoyo social del niño y de la niña: nuevos y múltiples docentes, entornos de aula modificados con clases más grandes, más oportunidades para actividades extraescolares e incluso diferentes grupos de amigos. La investigación revela el rol fundamental de las relaciones entre compañeros durante este período de transición y su relevancia como factor protector.

De acuerdo con múltiples estudios, los cambios que comporta la transición escolar pueden ser experimentados de manera distinta por todos/as los niños y las niñas. Si bien muchos/as se adaptan positivamente, resaltando académicamente, haciendo nuevos amigos o respondiendo de forma positiva a la nueva configuración de clase o estilo de aprendizaje, otros/as pueden tener dificultades con estos cambios y actuar o mostrar una disminución en el rendimiento académico o en la motivación.

La evidencia señala que, durante este tiempo, los niños y las niñas pueden experimentar un aumento de los síntomas de ansiedad o depresión, que pueden agravarse durante los momentos de cambio o transición escolar.

Nuevo entorno de aprendizaje y nuevas metas

Los centros de Educación Primaria y los/as docentes, tienden, a menudo, a ser más solidarios y orientados a las tareas en su enseñanza: el objetivo para los estudiantes de Primaria es dominar una determinada tarea, como aprender a sumar o restar. Sin embargo, en Educación Secundaria, el propósito de la enseñanza se orienta, con frecuencia, a alcanzar una meta determinada y esperar que los/as estudiantes se vuelvan más independientes. Alentar ya desde la escuela Primaria a los y las estudiantes a convertirse en autónomos/as en lo que respecta a sus calificaciones, horario de clases e incluso estilo de aprendizaje, puede ayudarles a ser más académicamente independientes, y ser de utilidad más adelante, cuando lleguen a Educación Secundaria. El aprendizaje sigue siendo clave, pero valorar el rendimiento y adaptarse a los cambios en las expectativas y comportamientos de aprendizaje, forman también parte de la ecuación.

Ayudar a los estudiantes a adaptarse y avanzar

Muchos psicólogos educativos consideran que es clave conocer lo que piensan los niños y las niñas acerca de su propia inteligencia y habilidades. Si un niño o una niña tiene un bajo autoconcepto de sus capacidades, evitará tareas difíciles y únicamente optará por realizar aquellas que ya sabe resolver. A este respecto, tanto los padres como los docentes pueden ayudarles a desarrollar habilidades de resiliencia para adaptarse mejor en sus nuevos entornos sociales o académicos, apoyándoles a enfocarse en lo que pueden –intentar- hacer. Por ejemplo, animando a los/as jóvenes a tratar de realizar una tarea o actividad, aunque les parezca difícil, y recompensándoles en base al esfuerzo, para fomentar su perseverancia.

¿Qué pueden hacer los padres y el profesorado?

  • Animar a los niños y las niñas a probar cosas nuevas y aprender nuevas habilidades que puedan estar fuera de su “zona de confort”.

  • Decirles que es normal cometer errores e incluso fallar. A veces, equivocarse puede ser una oportunidad de aprendizaje, y los padres o docentes pueden ayudar niños, niñas y adolescentes a comprender aquello que es necesario corregir o modificar en ocasiones posteriores.

  • Enseñar a los niños y las niñas que aprender requiere esfuerzo, tiempo y práctica. No todo suele resultar fácil en el primer intento o cuando se aprende una nueva habilidad. Es importante que conozcan que pueden tener un estilo de aprendizaje único, totalmente diferente al de los demás, y alentarles a ser pacientes cuando aprendan cosas nuevas.

  • Ayudarles a resolver problemas, pero permitiéndoles encontrar posibles soluciones, con directrices.

  • Animarles a realizar consultas mediante preguntas y para obtener ayuda. El mensaje fundamental aquí es: “No estás solo”.

Fuente: American Psychological Association

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