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Es esencial aumentar los servicios de apoyo psicológico y social y de salud mental en los centros educativos de cara al próximo curso, según un estudio

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Curación de Contenido por Gloria Remírez

La crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha alterado la vida de millones de personas de todo el mundo, generando retos en todos los ámbitos. Y el educativo es uno de los que está sufriendo consecuencias de forma más acusada: colegios cerrados, transición de una enseñanza presencial a una digital e incertidumbre en torno a los procesos habituales del sistema educativo.

Es tal el impacto que, de hecho, a finales del curso 2019-2020, nos estamos cuestionando cómo será el regreso a las aulas en 2020-2021.

Así se presenta el informe “Panorama de la educación en España tras la pandemia del COVID-19: la opinión de la comunidad educativa”, un estudio realizado por investigadores de las Universidades de Granada y Málaga, y editado por la FAD, a través del cual se aborda en profundidad esta cuestión, contando para ello con la información aportada por más de 5.000 docentes, así como de familias y alumnado, sobre sus preocupaciones, necesidades y propuestas para el curso escolar 2020-2021.

Autor: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 30/06/2020

Este estudio supone el paso previo a la puesta en marcha de “Educación Conectada”, un proyecto de BBVA y Fad que comprende un conjunto de acciones de emergencia dirigidas al ámbito educativo tras la crisis causada por el COVID-19, con el objetivo de paliar las graves consecuencias que la actual crisis está teniendo en toda la comunidad educativa, y que se dirige especialmente a la población más vulnerable.

El informe aporta conclusiones clave para entender la posición de la comunidad educativa ante el reto que se afronta de cara al nuevo curso, y que resumimos a continuación:

  • De acuerdo con el informe, preocupación y esperanza son las dos palabras que presiden el panorama de la educación para el nuevo curso 2020/21: la experiencia vivida durante el último trimestre del curso 2019/20 ha mostrado muchas de las debilidades del sistema, lo que ha generado en la comunidad educativa desconfianza y preocupación; no obstante, los y las estudiantes, los y las docentes y las familias expresan un deseo de transformación “que nos haga salir de esta grave crisis con un sistema educativo fortalecido y mejorado”.

  • El profesorado manifiesta al mismo tiempo su compromiso con su alumnado y su preocupación por contar con unas condiciones para el aprendizaje y la enseñanza seguras y saludables en los centros educativos. Una de las grandes preocupaciones señaladas por los y las docentes es el seguimiento de su alumnado, no sólo en cuestiones académicas sino en relación con su estado físico y socioemocional. Las dificultades a la hora de realizar este seguimiento vía online provocan “una añoranza” de la presencialidad y el contacto directo en el aula.

  • Otra gran inquietud son las consecuencias de las recomendaciones de las autoridades sanitarias y el espacio disponible: estas recomendaciones, orientadas al desdoble de grupos y a la bajada de las ratios, debe venir acompañada por un aumento de las plantillas para atender “no sólo a las prescripciones de la autoridad sanitaria sino a las exigentes condiciones de la enseñanza en línea o semipresencial”. En este contexto los y las docentes consideran esencial reforzar las infraestructuras (espacios y recursos tecnológicos) y las plantillas, y recuerdan el sentimiento de abandono durante el curso 2019-20 por parte de la Administración educativa, que respondió “tarde y superficialmente” a la situación y que se ha limitado a “invocar la autonomía de los centros, pero sin aportar ni soluciones ni recursos ni inversiones”.

    En este contexto, en el que desaparece la posibilidad de contacto presencial y que constituye “la peor crisis educativa de la historia reciente” que ha afectado a más de 1.500 millones de estudiantes a nivel mundial (el 91,3% del total de estudiantes matriculados en el mundo), los equipos directivos y el personal docente han tenido que improvisar estrategias de trabajo, plataformas online, mecanismos de evaluación y una nueva manera de relacionarse con el alumnado y las familias.

  • El profesorado señala su interés por formarse en estos momentos de crisis, reclamando formación para mejorar su competencia digital docente y reforzar sus estrategias de enseñanza en contextos virtuales o semipresenciales, así como formación en metodologías activas o en procedimientos de evaluación, feedback y seguimiento del alumnado más allá del rendimiento académico. Se pone de relieve la necesidad de crear redes entre docentes (dentro de los centros o entre los centros) para compartir sus experiencias y prácticas.

  • El personal docente considera la importancia de revisar en profundidad del currículo, acordando los objetivos y contenidos fundamentales del próximo curso. Estas propuestas y recomendaciones varían en función de la etapa educativa: para Bachillerato, Secundaria y Educación de Personas Adultas la prioridad fundamental es el incremento de las inversiones en docencia a distancia, especialmente en Bachillerato; para Formación Profesional, Infantil y Primaria se prioriza el establecimiento de guías de actuación y protocolos de seguridad, con una preocupación especial en Infantil por las condiciones higiénicas y sanitarias de los centros educativos (inquietud principal entre el profesorado en posible situación de riesgo por edad o salud) y la dotación de financiación y recursos para la higiene, desinfección y limpieza en los centros educativos, así como por la formación del personal en cuestiones sanitarias e higiénicas fundamentales (preocupación significativamente baja en Secundaria o Bachillerato).

    El profesorado que trabaja en entornos socioeconómicos más desfavorecidos reclama más colaboración con los servicios sociales o sanitarios del entorno, y con instituciones externas que puedan colaborar en el aprendizaje o el bienestar de su alumnado.

  • Es necesaria una nueva cultura de la cooperación y la coordinación dentro de los centros, desde la cual deben atenderse los dos problemas fundamentales del próximo año: el ajuste de los tiempos y los espacios de enseñanza a la nueva situación y el reto de la enseñanza a distancia y semipresencial. En este sentido, contar con un plan de digitalización (señalado principalmente por docentes de centros públicos) o el agrupamiento por ámbitos (indicado especialmente por docentes de Educación Primaria o de centros privados).

  • Una inquietud entre los y las docentes es el posible impacto negativo de un nuevo cierre de las aulas sobre la implicación y la voluntad de aprender de su alumnado, así como en su bienestar emocional, sobre todo entre el alumnado de Educación Infantil y Primaria.

    Para evitar este problema, se propone mejorar sus competencias en la docencia a distancia y semipresencial, los mecanismos de evaluación justos y adecuados para la situación actual y procedimientos para fomentar la autonomía del alumnado. Medidas que pasan por el ajuste del currículo, la personalización de las oportunidades de aprendizaje y la acción tutorial, y el refuerzo de las competencias digitales del alumnado. Asimismo, piden mayor atención a cuestiones socioemocionales.

  • Con respecto a la presencialidad, esta se concibe como una necesidad por cuanto garantiza la igualdad, promueve el aprendizaje de forma más eficaz y facilita una mejor explicación y atención personalizada. El profesorado de Infantil y Primaria apuesta por el contacto diario con su alumnado a través de la enseñanza presencial diaria con alternancia de horas. En cambio, los y las docentes de Secundaria, Bachillerato, FP y Educación de Personas Adultas apoyan la enseñanza semipresencial con alternancia de días.

  • Entre sus propuestas se insta a dar un nuevo sentido educativo a edificios municipales que pueden ser destinados a la enseñanza y el aprendizaje para poder garantizar así la distancia física entre el alumnado, y a fomentar la colaboración de los servicios sociales y sanitarios además de otras instituciones para garantizar el bienestar de los estudiantes y una oferta educativa de calidad para todo el alumnado.

    El profesorado solicita dotar los centros educativos de personal experto en enseñanza, Psicología, infancia y adolescencia.

  • A la vez que expresan su responsabilidad con los alumnos y las alumnas, ponen también de manifiesto la sobrecarga de trabajo, así como la necesidad de la conciliación de su vida personal, comprometiendo horas del día para atender a su alumnado, en detrimento de sus situaciones personales y sus contextos familiares, muchos/as de ellos/as en situaciones complejas también, afectados por la pandemia o por los estados psicológicos derivados del confinamiento.

    Al colectivo docente le preocupa principalmente la soledad desde la cual han tenido que desarrollar su labor profesional durante el confinamiento, se muestra agotado y demanda acompañamiento, tanto profesional como psicológico, así como una mejor formación para poder trabajar de forma colaborativa con sus compañeros y compañeras.

  • Para las familias, una de las cuestiones fundamentales es la conciliación laboral, que se plantea “de modos muy distintos y con propuestas muy desdibujadas debido a la falta de información clara acerca del desarrollo del curso 2020/21”.

  • Piden que el sistema educativo no pierda la presencialidad y cuente con personal de apoyo. Una preocupación manifiesta por las madres y los padres es el tema de la inclusión y las medidas que se van a llevar a cabo con respecto a los/as estudiantes que tienen patologías o estén en riesgo ante el virus, para las cuales solicitan la presencia de personal sanitario en los centros educativos.

  • En relación con las estructuras, recursos y personal, las familias piden más financiación y más dotación para los centros, poniendo de relieve la falta de dispositivos en los centros y en los hogares, especialmente en el caso de familias en situaciones desfavorecidas.

    En la misma línea que el profesorado, reclaman un aumento en el número de docentes y una reducción de la ratio de estudiantes por aula, algo que ven “difícil política y económicamente”.

  • Una queja generalizada entre las madres y los padres es el problema de dispersión horaria generado en los hogares durante los meses del confinamiento, incluyendo tareas, mensajes y correos a altas horas de la noche y en fines de semana, especialmente en las primeras semanas de confinamiento.

  • Otra preocupación manifestada por las familias es el tipo de modelo de enseñanza que se implantará el próximo curso, reivindicando el valor de lo presencial como algo insustituible. Una especial inquietud es que los meses del confinamiento y la educación telemática afecten a la socialización (principalmente en aquellos/as estudiantes más jóvenes) y se generen problemas psicológicos. Igualmente, les inquieta que sus hijos e hijas desarrollen un problema de adicción a las pantallas, al estar aún más conectados delante de ellas, tanto por ocio como por cuestiones académicas.

  • Las madres y los padres demandan una reestructuración curricular en profundidad, instaurando un cambio real en las metodologías de enseñanza, con propuestas concretas, como gamificar los aprendizajes o hacer uso del aprendizaje basado en proyectos.

    Asimismo, consideran esencial un acompañamiento emocional y psicológico “más extenso y más fuerte”, tanto a los niños como a las familias.

  • Entre los y las jóvenes participantes en el estudio, los dos grandes retos del próximo curso son la seguridad sanitaria y la exigencia de una educación de calidad, que muchos vinculan con la educación presencial, si bien reconocen mejoras en su autonomía o su competencia digital durante el tiempo de confinamiento.

  • Los posibles horarios y agrupamientos (con alternancia de horas, días o semanas), la reducción de la ratio, una mayor coordinación entre los docentes y mejor comunicación entre docentes y estudiantes son algunas de las preocupaciones fundamentales entre el alumnado.

  • Los y las jóvenes consideran esencial un cambio metodológico en el profesorado para ajustar su manera de enseñar a la nueva situación, incluyendo en este ámbito la necesidad de usar recursos audiovisuales y online de calidad, aunque esto suponga que parte del profesorado tenga que reciclarse y formarse para incorporar nuevas destrezas y competencias docentes, y reclaman más empatía a los y las docentes, revelando haber pasado por etapas de mucha confusión y estrés, “en parte debido a la pandemia y al estado de alarma pero también en parte debido a algunas situaciones de descoordinación y exceso de tareas que han experimentado durante el curso 2019/20”.

  • El reto de la educación no es exclusivo del profesorado, es social: es necesaria la colaboración de toda la sociedad para cuestiones que desbordan el ámbito de la práctica docente, como la conciliación familiar y laboral, la atención a las necesidades específicas de apoyo educativo, el acceso universal a internet, la mejora de las condiciones de vida de todas las familias y, “en definitiva, el bienestar social y personal del alumnado, que es una tarea que pertenece a toda la sociedad”.

El informe finaliza con una serie de propuestas de actuación y recomendaciones de cara al próximo curso escolar, dirigidas tanto a la propia comunidad educativa, como a la Administración, ONGs y otras entidades, tales como, el aumento de los servicios de apoyo psicológico y social y de salud mental en los centros, no sólo para el alumnado sino también para el profesorado y el personal del centro, o la formación del personal docente para detectar este tipo de necesidades,

Se puede acceder al documento desde la página Web de la FAD, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Trujillo-Sáez, F.; Fernández-Navas, M.; Montes-Rodríguez, M.; Segura-Robles, A.; Alaminos-Romero, F.J. y Postigo-Fuentes, A.Y. (2020). Panorama de la educación en España tras la pandemia de COVID-19: la opinión de la comunidad educativa. Madrid: Fad. DOI: 10.5281/zenodo-3878844

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