Un estudio reciente publicado en la revista científica Frontiers in Behavioral Neuroscience encontró que los sonidos de muy baja frecuencia, conocidos como infrasonidos, pueden provocar respuestas de estrés en las personas, aun cuando estas no sean conscientes de escucharlos.
Los infrasonidos son ondas sonoras por debajo de los 20 hercios, una frecuencia que normalmente está fuera del rango de audición humana. Aunque no los percibimos de forma consciente, están presentes en muchos entornos cotidianos, generados por el tráfico, sistemas de ventilación, calefacción, tuberías y algunas maquinarias.
Para investigar sus efectos, científicos de la Universidad MacEwan, en Canadá, realizaron un experimento con estudiantes universitarios. Los participantes escucharon durante algunos minutos música relajante o sonidos inquietantes. Sin saberlo, algunos también fueron expuestos a una vibración de baja frecuencia de 18 hercios.
Los resultados mostraron que quienes estuvieron expuestos al infrasonido presentaron un aumento en los niveles de cortisol, la hormona relacionada con el estrés. Además, reportaron sentirse más irritables y menos interesados en la experiencia auditiva, independientemente de si escuchaban música relajante o sonidos de terror.
Un hallazgo importante fue que los participantes no podían identificar cuándo estaban siendo expuestos al infrasonido. Sus respuestas fisiológicas y emocionales ocurrieron sin que fueran conscientes de la presencia de estas vibraciones.
Los investigadores señalan que los efectos observados fueron modestos, pero consistentes. El aumento del cortisol, junto con cambios en el estado de ánimo, sugiere que el infrasonido podría actuar como un irritante ambiental sutil que influye en nuestro bienestar emocional.
Este fenómeno también podría ayudar a explicar por qué algunas personas experimentan sensaciones de incomodidad o inquietud en determinados lugares. Históricamente, el infrasonido ha sido relacionado con sitios considerados “embrujados”, ya que puede generar sensaciones físicas extrañas que luego las personas interpretan según sus expectativas o creencias.
Sin embargo, los científicos aclaran que el infrasonido no provoca experiencias paranormales por sí mismo. Más bien, podría contribuir a generar una sensación de malestar que algunas personas atribuyen a causas sobrenaturales.
Aunque el estudio tuvo limitaciones, como una muestra pequeña y exposiciones de corta duración, abre la puerta a nuevas investigaciones sobre cómo la contaminación acústica invisible puede afectar la salud mental y emocional. Los investigadores consideran especialmente relevante estudiar el papel del infrasonido en las ciudades, donde estas vibraciones son comunes y podrían contribuir, aunque sea en pequeña medida, al estrés y la irritabilidad cotidianos.
Referencias:
Título: Infrasound exposure is linked to aversive responding, negative appraisal, and elevated salivary cortisol in humans.
Autores: Kale R. Scatterty, Dawson VonStein, Lisa B. Prichard, Brian C. Franczak, Trevor J. Hamilton y Rodney M. Schmaltz.
Publicado en: Frontiers in Behavioral Neuroscience.
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