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La creencia en que la pobreza hace a la gente más resistente ante la adversidad

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Edición de Contenido por Gloria Remírez

En una serie de investigaciones se ha examinado hasta qué punto está extendida la creencia de que la pobreza hace a la gente más resistente ante la adversidad y en qué grado dicha creencia puede influir en la toma de decisiones sobre medidas para ayudar a las personas en situación de pobreza.

Los acontecimientos negativos de la vida pueden causar una aflicción devastadora, dificultades notables para retornar a la normalidad e incluso un trauma de por vida.

Se tiende a creer, equivocadamente, que las personas que sufren o han sufrido la pobreza están “endurecidas” para todo y que estas tragedias les perjudican anímicamente menos que a las personas con un nivel aceptable de recursos económicos o superior, según una serie de estudios realizados por el equipo de Eldar Shafir y Nathan Cheek, de la Universidad de Princeton en Estados Unidos.

Los investigadores encontraron que esta falsa creencia en la mayor fortaleza o insensibilidad de la gente afectada por la pobreza persistía cuando se analizaba la percepción de los efectos en la personalidad generados por la pobreza tanto en la infancia como en la edad adulta, así como en distintos grupos étnicos.

Los investigadores también encontraron pruebas sólidas del sesgo en una muestra nacional representativa de la población de Estados Unidos, así como en personas que trabajan en servicios de atención al cliente, la salud mental y la educación.

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Se tiende a creer que las personas afectadas por la pobreza pobres están “endurecidas” para todo y que las tragedias de la vida les perjudican anímicamente menos que a las personas con más recursos económicos. (Imagen: Egan Jimenez, Princeton University)

Los resultados de esta línea de investigación tienen profundas implicaciones. Según los investigadores, la suposición de que los individuos con menor nivel socioeconómico están mejor equipados que sus homólogos de mayor nivel socioeconómico para manejar la aflicción y la angustia ante acontecimientos negativos de todo tipo, es persistente y podría conducir a la desatención institucional e interpersonal de los más necesitados.

“Si se percibe que las personas que viven en la pobreza se sienten felices con menos (menos aflicción y angustia cuando las cosas van mal y más satisfacción cuando las pequeñas cosas van bien) pueden recibir menos cortesía, menos cuidados y menos atención, junto con una mayor negligencia y falta de respeto”, subraya Shafir. (Fuente: NCYT de Amazings)