OTRAS FUENTES

La población infantil expuesta a situaciones de conflicto sufre en una medida desproporcionada-nuevo informe de Save the Children

la-poblacion-infantil-expuesta-a-situaciones-de-conflicto-sufre-en-una-medida-desproporcionada-nuevo-informe-de-save-the-children
Curación de Contenido por Gloria Remírez

En contextos humanitarios, los niños y niñas con discapacidad tienen más probabilidades de experimentar angustia psicológica debido a la separación de sus cuidadores, la ruptura de la rutina o el alto riesgo de abusos. Las mujeres y las niñas con discapacidad corren un mayor riesgo de violencia sexual y de género (VSG), incluso a través del uso de esta como táctica de guerra.

Esta es una de las graves conclusiones recogidas en el último informe de Save The Children “No a la guerra contra la infancia”, un documento a través del cual, la organización pone de relieve las impactantes amenazas a la seguridad y el bienestar de los niños y niñas que viven en zonas afectadas por el conflicto. Ofreciendo cifras generales de este grave problema, profundiza en cómo niños y niñas tienen diferentes experiencias del conflicto, a través de un análisis de género de las violaciones graves constatadas. Estas violaciones graves se dividen en seis temas: el asesinato y la mutilación, el reclutamiento y la utilización por parte de grupos armados, el secuestro, los ataques a centros educativos y hospitales, la denegación de acceso a la asistencia humanitaria, y la violación y otros tipos de violencia sexual.

Foto: jkt_de Fuente: morguefile Fecha descarga: 27/03/2020

A continuación, recogemos las principales conclusiones de este informe:

  • Los niños y niñas sufren muchísimo durante los conflictos armados. La última cifra de violaciones graves contra la infancia en situación de conflicto verificadas por la ONU ha aumentado de nuevo, triplicándose desde el año 2010.

  • El aumento interanual en las violaciones graves contra la infancia ha ido acompañado de un incremento general y significativo en el número de niños y niñas que viven en situaciones de conflicto: 415 millones de menores en todo el mundo viven en zonas de conflicto, lo que representa casi el 18% a nivel mundial, incluidos 149 millones que habitan en zonas de conflicto de alta intensidad donde se producen más de 1000 muertes al año, relacionadas con los enfrentamientos.

  • El conflicto es cada vez más peligroso para niños y niñas, y exacerba los prejuicios de género subyacentes, lo que puede generar riesgos para la protección infantil y, a su vez, afectar a las necesidades de respuesta. Desde 2010 ha habido un incremento del 34% en el número total de menores que viven en zonas de conflicto, y un aumento del 170% en el número registrado de violaciones graves de derechos humanos.

  • Aunque niños y niñas participan en el diseño de la respuesta humanitaria, así como en la construcción y el mantenimiento de la paz, sus voces no se escuchan lo suficiente y su potencial sigue siendo poco reconocido. Además, el financiamiento de recursos que les atañen específicamente a ellos es insuficiente.

  • La prolongación de los conflictos contemporáneos ha cambiado la naturaleza de los riesgos a los que se enfrentan niños y niñas y, en consecuencia, el tipo de protección y asistencia que necesitan. Los efectos del conflicto en la población infantil son múltiples y de gran alcance, e incluyen: el impacto fisiológico de las armas explosivas, la salud mental y las consecuencias psicológicas y sociales de haber presenciado y experimentado la violencia, y el impacto socioeconómico, así como sus graves consecuencias para los derechos de la infancia: la erosión de las infraestructuras, el desplazamiento de las comunidades y los perjuicios a los servicios y apoyo básicos.

    Para Save the Children, la exposición de un gran número de menores a estos efectos nocivos es debida a tres deficiencias centrales: el incumplimiento de las normas, directrices y leyes internacionales, la impunidad de los responsables de las violaciones y unas medidas insuficientes para prestar apoyo a la infancia y facilitar su recuperación.

  • Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad. En todo el mundo, uno de cada diez menores de edad tiene una discapacidad, y la proporción es aún más elevada en las zonas de conflictos armados o desastres. De acuerdo con las investigaciones entre refugiados sirios en Jordania y Líbano, uno de cada cinco niños presenta una discapacidad y más del 60% de los hogares de refugiados sirios tienen a una persona con discapacidad.

    Los niños y niñas con discapacidad se ven afectados por las seis violaciones de derechos graves, y a su vez dichas violaciones pueden provocar una discapacidad. Los menores que sufren una discapacidad pueden vivir un empeoramiento o desarrollar discapacidades secundarias.

    En contextos humanitarios, los niños y niñas con discapacidad tienen más probabilidades de experimentar angustia psicológica debido a la separación de sus cuidadores, la ruptura de la rutina o el alto riesgo de abusos. Concretamente, las mujeres y las niñas con discapacidad presentan un mayor riesgo de violencia sexual y de género (VSG), incluso a través del uso de esta como táctica de guerra.

  • Tras la salida de conflictos armados, los niños y las niñas que han estado vinculados con fuerzas o grupos armados se enfrentan a muchos desafíos, tanto a corto plazo como a lo largo de toda su vida. Estos y estas menores pueden sufrir afecciones físicas, de desarrollo y de salud mental, cuyas condiciones y recuperación se verán influidas por su género.

    Asimismo, el informe señala la probabilidad de que tengan que superar determinadas barreras basadas en la edad y el género, en relación con el acceso a los servicios sanitarios, incluidos los de salud mental, así como a las oportunidades educativas o de empleo. A modo de ejemplo, manifiesta que las normas tradicionales sobre la masculinidad pueden al acceso de los niños varones a los servicios de salud mental.

    A este respecto, cita los datos de la Organización Mundial de la Salud, que indican que las mujeres y las niñas constituyen el grupo más grande de personas que sufren trastorno de estrés postraumático a nivel mundial, “al tiempo que reconoce que este análisis está sesgado por normas de género perjudiciales que a menudo impiden que hombres y niños acudan a servicios psicológicos y sociales y de apoyo a la salud mental”.

    Por otro lado, la reintegración social puede ser difícil, ya que estos niños y niñas han perdido sus lazos con la familia y la comunidad.

  • Las niñas que en el pasado hayan estado vinculadas con fuerzas o grupos armados y que hayan sobrevivido a este tipo de violencia de género necesitan urgentemente servicios de salud sexual y reproductiva destinados a la adolescencia, además de apoyo psicológico y social sensible al género para abordar estas experiencias traumáticas.

  • Los niños y niñas que han sufrido violencia sexual presentan trauma psicológico. Entre las consecuencias psicológicas del abuso figuran la vergüenza, la pérdida de confianza, los trastornos del sueño, la sensación de impotencia, la confusión y los pensamientos suicidas. Los supervivientes a menudo viven con el estigma y la angustia durante muchos años, incluso el resto de sus vidas.

    El índice de denuncia de las violaciones sexuales y de género es significativamente bajo debido al estigma que llevan asociado. Las descripciones que salen a la luz refuerzan el mensaje de que la violencia sexual no es una cuestión de sexo, sino de poder, humillación y destrucción.

    Los niños y niñas que son objeto de abusos sexuales quedan marcados tanto física como psicológicamente, son vulnerables a las enfermedades de transmisión sexual y están expuestos al consumo de drogas para olvidar el abuso que sufren.

    Según los datos, las niñas corren un riesgo mucho más elevado de sufrir violencia sexual y otras formas de violencia de género, incluido el matrimonio infantil, precoz y forzado, mientras que es mucho más probable que los niños estén expuestos a asesinatos y mutilaciones, secuestros y reclutamiento.

    A menudo las visiones del conflicto a través de unos roles de género que persisten dan como resultado que solo se ponga el foco en las violaciones de ámbito público, que experimentan con mayor frecuencia los niños, mientras que las violaciones de ámbito privado como la violencia sexual contra niñas permanecen invisibles.

  • Los desafíos para el seguimiento, denuncia y verificación de las violaciones de los derechos de los y las menores, debido al limitado acceso de las zonas afectadas, a los problemas de seguridad y a la sensibilidad de la cuestión, provocan que se subestime la escala real de las mismas. La influencia del género en ciertas violaciones, como la violencia sexual contra niñas o el reclutamiento y uso de niños, puede dar lugar a tasas aún más bajas de denuncia.

  • Otro aspecto grave expuesto en este informe es la violencia contra las personas LGTBI durante el conflicto, especialmente contra los y las menores. De acuerdo con la revisión global del ACNUR de los esfuerzos para proteger a los solicitantes de asilo y refugiados LGBTI, las partes en conflicto “someten, de manera desproporcionada, a las personas LGBTI a la discriminación, el homicidio, la tortura, el desplazamiento y la violencia sexual, entre otras violaciones”.

    Las violaciones de derechos que experimentan los y las menores con diversas identidades de género presentan desafíos particulares para su compresión y respuesta, ya que los mecanismos de denuncia, en el caso de que se haga distinción, se basan en representaciones de datos binarios. Como resultado, se desconocen las experiencias de los y las menores de todos los géneros y el impacto total de las violaciones.

  • Los ataques a centros educativos y hospitales se consideran violaciones colectivas, si bien es difícil extraer de estos datos conclusiones definitivas basadas en el análisis de género. No obstante, el informe destaca ciertas diferencias en la experiencia de dichos ataques entre todos los géneros. Dado que los países afectados por conflictos tienden a presentar unas brechas de género más amplias en cuanto a inscripciones escolares que otros lugares, las niñas en general tienen 2,5 veces más probabilidades de no asistir a la escuela en entornos de conflicto que los niños. Esto supone que el número de niños víctimas de ataques a las escuelas sea mayor que el de niñas, pero depende en gran medida del contexto, dado que algunos grupos que cometen estos ataques tienen como objetivo deliberado impedir la educación de las niñas. En este sentido, afirma Save the Children, “cuando las niñas no van a la escuela, es más probable que se casen y se queden embarazadas de forma precoz, así como que sufran problemas de salud y violencia de género de por vida”.

  • Es importante tener en cuenta que los datos que presenta el informe tienen limitaciones significativas, con una serie de problemas:

    • Los datos no reflejan de manera precisa y exhaustiva de qué modo experimentan el conflicto todos los y las menores de todos los géneros.

    • Es ampliamente reconocido que todas las violaciones graves contra los niños y niñas en situaciones de conflicto, y la violencia sexual en particular, se denuncian con poca frecuencia. Los casos verificados de violaciones de derechos contra niños y niñas son solo la punta del iceberg. “Si documentar de manera precisa las violaciones graves contra la infancia es un desafío en tiempos de paz, aún lo es más en tiempos de guerra”.

    • Las limitaciones a la libertad de movimiento de las niñas en contextos de conflicto afectan a su acceso a la información y los servicios, lo que incluye las actuaciones de respuesta humanitaria, y también propician otras violaciones de los derechos en el ámbito privado, que se agravan en los contextos de conflicto, entre ellas la violencia doméstica y de pareja y el matrimonio infantil, precoz y forzado. Concretamente, las violaciones que sufren las niñas se denuncian poco.

El informe finaliza poniendo de relieve la trascendencia de tener en cuenta de manera eficaz el género y la edad -desde la forma en que controlamos y denunciamos las violaciones, hasta la forma en que respondemos programáticamente-, con el fin de proteger a los niños y niñas y responder a sus necesidades en situaciones de conflicto. La dinámica en torno a la edad resalta la necesidad constante de proteger el derecho a la infancia contra el impacto negativo del conflicto moderno. Save the Children se muestra tajante al afirmar que tan solo a través de la participación de los niños y niñas, se puede lograr aportar los cambios necesarios: la falta de participación de éstos en la prevención de conflictos, en la respuesta humanitaria, en el desarrollo y en la construcción de la paz, junto a la falta de financiación, son barreras importantes para ofrecer una mejor respuesta a las víctimas infantiles del conflicto.

Se puede acceder al informe desde la página Web de Save the Children o bien directamente a través del siguiente enlace:

No a la guerra contra la infancia 2020: el género importa

Deja un comentario