La flexibilidad laboral y otros beneficios personalizados pueden parecer una excelente estrategia para motivar y retener empleados, pero cuando se otorgan de forma desigual también pueden generar tensiones dentro de los equipos de trabajo.
Un estudio realizado con cientos de equipos en Estados Unidos y China analizó cómo afectan los llamados “acuerdos individuales” o i-deals, es decir, beneficios negociados de manera personalizada entre empleados y gerentes. Estos acuerdos incluyen horarios flexibles, tareas adaptadas a las habilidades de cada persona y oportunidades especiales de desarrollo profesional.
La investigación encontró que no todos los beneficios generan el mismo impacto. Los acuerdos de flexibilidad, como permitir que algunos empleados trabajen desde casa mientras otros deben asistir a la oficina, suelen provocar conflictos y resentimiento entre compañeros. Aunque nadie se queje abiertamente, comienzan a aparecer pequeños problemas: menor colaboración, más frustración y una sensación de injusticia que debilita al equipo.
Esto ocurre porque las personas comparan constantemente su situación con la de quienes las rodean. Cuando no existe una explicación clara sobre por qué alguien recibe un beneficio especial, muchos interpretan la situación como favoritismo o trato preferencial.
En cambio, los acuerdos relacionados con las tareas laborales tuvieron un efecto diferente. Cuando algunos empleados asumían actividades más complejas y otros tareas más estructuradas, los equipos tendían a funcionar mejor. La razón es que estas diferencias se percibían como parte de una organización lógica del trabajo y no como privilegios personales.
Respecto a las oportunidades de desarrollo profesional, el estudio no encontró efectos claros, aunque los investigadores advierten que en ambientes muy competitivos también podrían surgir conflictos si algunos empleados sienten que tienen menos oportunidades de crecimiento.
Los expertos concluyen que los beneficios personalizados no son negativos, pero deben manejarse con cuidado. La transparencia es fundamental. Los líderes deben explicar claramente por qué se toman ciertas decisiones y cómo benefician al equipo completo. Además, recomiendan utilizar la distribución de tareas de manera estratégica para fortalecer la colaboración y evitar malentendidos.
La principal lección es que las organizaciones no solo deben pensar en el bienestar individual, sino también en cómo cada decisión afecta la dinámica colectiva. Un equipo puede deteriorarse lentamente no por grandes conflictos, sino por pequeñas percepciones de desigualdad que, con el tiempo, erosionan la confianza y la unión entre sus integrantes.
Referencias:
Título: Why Some Employee Perks Tear Teams Apart.
Autores: Sweta Rubama Hossain y Chao Zhang.
Publicado en: Psychology Today.
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