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Los problemas psicológicos: principales consecuencias entre los y las menores que sufren violencia de género

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Edición de Contenido por Gloria Remírez
Los problemas psicológicos: principales consecuencias entre los y las menores que sufren violencia de género
Los problemas psicológicos: principales consecuencias entre los y las menores que sufren violencia de género

Infocop | 04/03/2020 5:00:00

El 60,6% de las problemáticas asociadas a la violencia de género dentro del entorno familiar hacen referencia a los problemas psicológicos. Aquí destaca la presencia de ansiedad en el 10,5% de las situaciones, miedo en el 9,1%, tristeza, en el 7,0%, así como agresividad y rabia (4,3%) y soledad y aislamiento (3,5%).

Esta es una de las conclusiones del último informe de la Fundación ANAR (Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo) sobre violencia de género en niños, niñas y adolescentes.

Tal y como señala la Fundación, en relación con los y las menores de edad, del total de llamadas recibidas motivadas por violencia de género, se puede identificar dos circunstancias diferentes en las que está presente este tipo de violencia: situaciones de menores que se encuentran dentro del entorno familiar de las mujeres víctimas de la violencia de género (en el 84,0% de las situaciones), y situaciones de violencia de género en las que la víctima directa es una mujer menor de edad (el 16,0% de las llamadas).

Foto: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 26/02/2020

A continuación, recogemos las principales conclusiones de su estudio:

Situaciones de violencia de género en las que la víctima directa es una mujer menor de edad

  • En el 44,2% de las llamadas de orientación especial recibidas, es la menor afectada quien llama, siendo atendida directamente por medio de la Línea del Niño/a y del Adolescente. En el 55,8% restante, es un/a adulto/a quien proporciona la información por medio de la Línea del Adulto y la Familia.

  • Las llamadas de orientación especial que entran por la Línea del Adulto y la Familia son realizadas por personas del entorno familiar (72,9% de las ocasiones), principalmente por iniciativa de la madre de la víctima (57,1%) y, de forma secundaria, por el padre (8,1%). Personas del entorno profesional o social dan el aviso de las situaciones de violencia en un porcentaje inferior (8,1% y 7,3% respectivamente).

  • La edad media de las menores que llaman al Teléfono ANAR porque sufren violencia de género directamente, es de 15,7 años; en el 82,2% de los casos, las víctimas tienen entre 15 y 17 años, y en el 17,6%, entre 12 y 14.

  • En un 42,2% de las situaciones, la adolescente vive con ambos padres, y en un 28,9% de las llamadas, vive sólo con su madre. En el 6,3% de los casos, convive con su madre y la nueva pareja de ésta. En este punto, el informe subraya que, en un 1,8% de las ocasiones, la adolescente está conviviendo con su agresor.

  • En cuanto a los estudios que cursa la menor víctima directa de violencia de género, el 33,6% son alumnas de educación secundaria obligatoria, el 19,0% cursa bachillerato, el 6,3% estudios de formación profesional y un 2,9% no están escolarizadas.

  • Con respecto al agresor, en el 67,5% de las situaciones se trata de su novio o pareja actual, y en el 32,5% de los casos, manifiestan que el agresor es su expareja con la que han estado vinculadas en el pasado.

    Aproximadamente en la mitad de las situaciones (49,4%) el agresor es un hombre mayor de 18 años y en un 39,3% es menor de esa edad. El rango de edad de los agresores identificados por la menor adolescente oscila entre los 12 y los 56 años.

  • En el 53,5% de las llamadas de orientación especial atendidas, la adolescente víctima no parece ser consciente del problema, según el juicio del psicólogo orientador del Teléfono ANAR. Sin embargo, en un 44,5% de las ocasiones, sí identifica la situación que está viviendo como de violencia de género: parece reconocerse a sí misma como víctima e incluso puede llegar a conocer el ciclo en el que esta violencia se desarrolla y está dispuesta a dar algún paso para resolver su situación.

  • En relación con la implicación o el uso de las nuevas tecnologías para ejercer la violencia, en un 60,0% de los casos, la violencia también se ejerce a través de las nuevas tecnologías. Para los autores de este estudio, las conclusiones son esperables, dado que los adolescentes son nativos digitales, y la naturaleza de las relaciones sentimentales entre adolescentes, se basa en una comunicación establecida en su mayor parte, de forma no presencial.

    Dentro del ciberacoso, la mayoría de conductas implican control por parte del agresor, que limita el uso de las nuevas tecnologías en su pareja, con el fin de aislarla socialmente, promoviendo efectos psicológicos como el miedo, la culpabilidad o la vergüenza, “que consiguen paralizar a la víctima”. El sexting es una forma de ejercer la violencia de género a través de las nuevas tecnologías, mediante la cual el agresor pide fotos íntimas como “prueba de amor” o demostraciones de confianza que conllevan la difusión de fotos íntimas a un gran número de contactos sin el consentimiento de la víctima. Otro tipo de conductas violentas son los insultos, las amenazas y el chantaje emocional, muy característicos en situaciones en las que el agresor no está conforme con el comportamiento de su pareja y pretende dañarla, o buscar el arrepentimiento y acercamiento de ésta cuando ha decidido poner fin a la relación.

  • Se observa que, en el 15,3% de las llamadas de orientación especial, se ha denunciado la violencia de género o existe una intención firme de denuncia. Contrariamente, en el 80,9% de las llamadas la menor no ha denunciado, ni tiene intención firme de hacerlo.

  • La tipología de violencia más frecuente entre adolescentes es el maltrato psicológico y, según los autores de este estudio, esta puede ser la causa más probable por la que la mayoría de las situaciones no se denuncian.

  • Dada la gravedad que la violencia de género tiene en sí misma, las orientaciones más complejas son las más requeridas en las llamadas atendidas: la atención conjunta (psicológica, jurídica y social) es necesaria en más de la mitad de las llamadas (55,1%).  La orientación de carácter psicológico y social, fue esencial en el 19,4% de las llamadas, seguida del apoyo “exclusivamente” psicológico, en un 16,5%; y del psicológico y jurídico, en un 9,0% de las ocasiones.

  • En el 38,6% de los casos, la violencia de género contra la menor de edad se produce desde hace más de un año, y en el 44,3%, desde hace algo menos de un año, pero más de un mes. En el 64,8% de las llamadas de orientación especial las agresiones se producen diariamente, mientras que en el 11,3% la agresión es puntual y en un 10,2% la violencia tiene una periodicidad semanal y en un 7,2% ocasional.

    De acuerdo con la información de las víctimas, la violencia va apareciendo de forma escalonada durante la relación. En la mayoría de las situaciones, los diferentes tipos de violencia son acumulativos y se presentan de forma simultánea en la interacción de la pareja.

    La Fundación ANAR pone de relieve la gravedad de los casos atendidos, y la falta de conciencia por parte de las víctimas de la situación de violencia que sufren y sus consecuencias, aún a pesar de toda la información existente en las diferentes campañas.

  • El análisis cuantitativo revela que la violencia psicológica es predominante dentro de la relación de pareja de los y las adolescentes (está presente en el 97,7% de las llamadas de orientación especial). A las jóvenes les resulta difícil discriminar y tomar conciencia de que los insultos, el control, el chantaje y las amenazas sean ejemplos de violencia, y actos como el control o los celos son interpretados como demostraciones de amor y confianza en la pareja.

    El segundo tipo de violencia que se ha detectado en mayor porcentaje es la violencia social (en un 40% de los casos): aislar a la pareja de amigos y familiares, controlar sus actividades o ser violentos en presencia de otras personas, con el fin de alejar a la víctima de su entorno y humillarla y demostrar poder delante de los demás, en aras de generar vergüenza, soledad, dependencia y miedo.

    Por su parte, la violencia física está presente en cuatro de cada diez llamadas de orientación especial (39,5%) y la violencia sexual en un 14,4% de las situaciones (porcentaje que se ha duplicado en un año). Esta última es difícil de visibilizar, dado que algunas conductas como la presión o el chantaje hacia la pareja para mantener relaciones sexuales se “normalizan”, “de modo que las víctimas solo son conscientes cuando se producen una agresión sexual o forcejeos previos con violencia, sin su consentimiento”.

  • En el 61,1% de los casos, las víctimas presentan problemas psicológicos, principalmente, ansiedad (21,1%), tristeza (9,1%) y miedo (7,5%), aislamiento/soledad (6,8%) y autolesiones, ideación e intento de suicidio (2,3%).

  • Los autores del estudio detectan una tendencia a la tolerancia ante las agresiones físicas en los casos en los que ha existido previamente maltrato en el ámbito intrafamiliar, lo que supondría una normalización en la percepción de estas agresiones dentro de las relaciones interpersonales.

Violencia de género en el entorno familiar

  • En el 13,4% de las situaciones, las llamadas de orientación especial recibidas corresponden al menor o la menor afectado/a. En el 86,6% de los casos esta información la proporciona un/a adulto/a.

  • El 85,1% de las llamadas de orientación especial proceden del entorno familiar, principalmente realizadas por la madre (63,2%) que es la víctima directa, y en un 4,4% lo hace el padre de los y las menores que, generalmente, no es identificado como el agresor de la violencia de género.

    Hay un 10,0% de los casos en que las llamadas pertenecen a adultos del entorno social del o de la menor (en el 4,1% de las situaciones el contacto lo efectúa un adulto que quiere permanecer en el anonimato, en el 2,4% un vecino, en el 2,3% son los propios amigos del menor quienes piden ayuda).

    Por otro lado, un 2,8% de las llamadas de orientación especial proceden de profesionales del entorno, en el 1,4% son del centro escolar y en el mismo porcentaje (1,4%) son profesionales de otros ámbitos.

  • En las unidades familiares en la que se detecta la presencia de la Violencia de Género, en un 38,9% de las llamadas, la mujer víctima tiene dos hijos/as, en el 34,9% de las situaciones el menor afectado o la menor afectada por la situación de violencia es hijo/a único, y en el 10,9% de las llamadas son tres hermanos en la unidad familiar quienes sufren la violencia.

  • La media de edad estimada de los niños y las niñas afectados/as por la violencia de género dentro del ámbito familiar es de 9,9 años. Los pequeños y las pequeñas de menos de 10 años suponen un 41,9% de las situaciones atendidas; los preadolescentes (entre 10 y 12 años) son un 20,7% de las situaciones. Por último, los adolescentes representan un 36,9% de las ocasiones, destacan aquellos con 13 años, en un 8,6% y con 15 años, en un 7,4%.

  • Con respecto al agresor, en el 88,4% de las ocasiones suele identificarse como el padre del menor o la menor, en el 11,0% de los casos se trata del padrastro o pareja de la madre. Tan solo en el 0,2% de las situaciones, el agresor es el ex marido o ex pareja de la madre del menor afectado o la menor afectada.

    En palabras de la Fundación ANAR, el hecho de que su padre sea la persona que agrede física o psicológicamente a su propia madre, “contribuye aún más al sentimiento de ambivalencia e indefensión al que los y las menores se ven expuestos/as, ya que ambos suelen ser figuras de referencia afectiva”.

  • Un 62,6% de las orientaciones prestadas en las diferentes llamadas ha precisado de orientación más compleja, la que de forma simultánea facilita información de carácter psicológico, jurídico y social. Asimismo, la orientación de carácter psicológico y jurídico ha sido necesaria en el 19,0% de las ocasiones, seguida de la psicológica y social, en el 9,2%. El informe incide aquí en la importancia de hacer una valoración global (psicológica, jurídica y social) en las llamadas de violencia de género.

  • En el 59,2% de las situaciones, la duración de la violencia de género es mayor de un año; en el 19,3% de los casos, entre un mes y poco menos de un año. Asimismo, está presente con carácter puntual en el 12,1% de las ocasiones; mensualmente en el 3,4% y semanalmente en el 1,4% de las llamadas.

    De igual modo que en la violencia de género dirigida a una adolescente, también en el entorno familiar la frecuencia más habitual es de carácter diario: en el 45,9% de las ocasiones las agresiones se producen diariamente. Por otro lado, en el 18,9% la frecuencia es semanal; en el 16,1% sucede de manera puntual y en el 11,6% se produce ocasionalmente.

  • El 60,6% de las problemáticas asociadas hacen referencia a los problemas psicológicos, destacando la presencia de ansiedad en el 10,5% de las situaciones, miedo en el 9,1% y la tristeza, en el 7,0%. También se han detectado situaciones tales como agresividad y rabia (4,3%) y soledad y aislamiento (3,5%). El 13,4% de los problemas asociados hace referencia a la presencia de otras formas de malos tratos contra los niños, las niñas y los/as adolescentes que conviven en el domicilio familiar.

    El empobrecimiento de las relaciones del y de la menor de edad, consecuencia de la violencia en su entorno familiar, se ve reflejada en el 10,1% de las llamadas de orientación especial.

    Cuando está presente la violencia de género en el hogar los propios menores expresan la angustia y la dificultad para encontrar una solución al problema, ya que además de ser testigos, en muchas ocasiones también son amenazados y coaccionados para que la situación no sea conocida fuera del hogar.

Se puede acceder al informe desde la Fundación ANAR o bien dicrectamente a través del siguiente enlace:

Informe violencia de género en niños, niñas y adolescentes

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