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No hallan en el País Vasco la relación existente en otros lugares entre delincuencia juvenil y ocio de riesgo

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Edición de Contenido por Gloria Remírez

Redacción


Miércoles, 08 de Enero de 2020

Antropología

El análisis de casi 2.000 casos de delitos cometidos por jóvenes entre 12 y 18 años en la CAPV por parte del grupo de investigación CRIM-AP del Departamento de Psicología Social y Metodología de las Ciencias del Comportamiento de la Facultad de Psicología de la UPV/EHU (España) ha permitido explorar los factores situacionales y contextuales que acompañan a la delincuencia juvenil en nuestro entorno. “Como cualquier otro comportamiento, la comisión de delitos también requiere que confluyan una serie de elementos: es necesario que la persona infractora y la posible víctima coincidan en el tiempo y el lugar, y, asimismo, que no haya presente nadie que pueda prevenir ese delito”, explica Alexander Trinidad, autor del estudio.

El objetivo de la presente investigación fue cotejar en el contexto del País Vasco la información que se tenía en la literatura científica relacionada con este tema, “obtenida de investigaciones realizadas mayoritariamente en países anglosajones y noreuropeos —comenta Trinidad—. Según estas fuentes, uno de los factores recurrentemente relacionado con la delincuencia juvenil es el de las actividades de ocio de riesgo, entendidas como aquellas actividades que no cuentan con ninguna supervisión, en las que participan grupos de jóvenes y vienen acompañadas con la posibilidad de consumir alcohol u otras sustancias. Estas actividades, en muchas ocasiones, se asocian con la oferta de locales como bares, discotecas, pubs etc., por lo que a mayor cantidad de locales de este tipo, cabría esperar una mayor tasa de delitos cometidos por menores en un municipio”.

Aunque esperaban hallar la misma relación observada en otros lugares, sin embargo, los resultados del estudio realizado no mostraron tal relación; “no encontramos un vínculo significativo entre la oportunidad de ocio de riesgo y la delincuencia juvenil —remarca el investigador—. Lo que esto indica es que los modelos teóricos no son universales. Eso no quiere decir que haya que desarrollar nuevos modelos teóricos, pero sí adaptarlos a las realidades de cada contexto geográfico y cultural. Partiendo de que entre los países del norte y del sur de Europa existe una diferencia notable en costumbres como los horarios de las comidas, las actividades de ocio o los horarios escolares, no es extraño encontrar diferencias también en la manera en que las variables situacionales afectan a la delincuencia juvenil”.

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De izquierda a derecha, Laura Vozmediano, César San-Juan y Alexander Trinidad. (Foto: UPV/EHU)

Lo que se debe hacer es, según Trinidad, “buscar otras variables o indagar un poco más en las características del ocio de riesgo juvenil de nuestro alrededor. Por ejemplo, el botellón está mucho más extendido en este colectivo que la entrada en los bares, o el reunirse en lonjas o locales que ellos mismos alquilan y gestionan. Tendríamos que profundizar en lo que sucede en estos lugares de ocio que no se citan en otros contextos geográficos”.

En el estudio también contemplaron otra serie de circunstancias que pueden facilitar o estimular la comisión de delitos, y analizaron su relación con los delitos ya cometidos. El que mayor relación mostró fue “la oferta de ocio sin riesgo, es decir, la cantidad de restaurantes, cafeterías, hoteles y ese tipo de instalaciones”. El estudio ha sido realizado a nivel macro, a nivel municipal, y tal como aclara el investigador, “no se puede hablar de causa-efecto, o sea, la presencia de estos lugares no hace aumentar la delincuencia juvenil. Lo que está mostrando es que los municipios donde existen más instalaciones de este tipo son enclaves más metropolitanos, zonas que atraen a mayor cantidad de gente, y teniendo en cuenta que la mayor parte de los delitos juveniles son hurtos, puede ser lógico que sea en esos lugares donde encuentran mayor oportunidad de cometerlos”.

Otros de los factores estudiados que vieron que sí estaba relacionado con la comisión de delitos juveniles fue el tamaño de la población, y, sin embargo, no confirmaron relación alguna entre la delincuencia y el número de familias monoparentales ni la inestabilidad residencial (el cambio de residencia de los habitantes del municipio, tanto dentro de la misma localidad, como el que se da hacia y desde otros municipios), factores que sí han mostrado tener relación otros contextos.

El experto en delincuencia juvenil considera que estos resultados “podrían ser utilizados por las administraciones locales para poner en marcha medidas de prevención de los delitos en las zonas donde es mayor la prevalencia de delitos. Conocer los factores situacionales y contextuales siempre puede ser de ayuda, al fin y al cabo se trata de profundizar en la etiología del comportamiento delictivo y realizar un análisis integral de la casuística que permita diseñar estrategias de prevención eficaces y basadas en la evidencia”. (Fuente: UPV/EHU)