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Nuevas directrices de la OMS para reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia

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Edición de Contenido por Gloria Remírez

La demencia es un problema de salud pública en rápido crecimiento que afecta a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo. Cada año, hay aproximadamente 10 millones de casos nuevos, una cifra que, según prevé la Organización Mundial de la Salud, “con un caso nuevo cada tres segundos, se triplicará en el año 2050”.

Así lo afirma la OMS en relación con sus nuevas directrices orientadas a la reducción del riesgo de deterioro cognitivo y la demencia, una guía a través del cual se ofrecen recomendaciones basadas en la evidencia sobre comportamientos de estilo de vida e intervenciones para retrasar o prevenir el deterioro cognitivo y la demencia.

Como bien indica la Organización en su documento, la demencia es una causa importante de discapacidad y dependencia entre las personas mayores y puede devastar las vidas de las personas afectadas, sus cuidadores y sus familias. Asimismo, inflige una pesada carga económica en las sociedades en general, y se estima que, en 2030, los costes del cuidado de las personas con demencia aumentarán a 2 trillones de dólares anuales.

Si bien no existe un tratamiento curativo, el manejo proactivo de los factores de riesgo modificables puede retrasar o retrasar la aparición o progresión de la enfermedad. Por ello, dado el creciente número de personas con demencia, su significativo impacto social y económico, y esta falta de tratamiento, se hace imperativo que los países se centren en reducir estos factores de riesgo para la demencia.

Precisamente, esta es una de las varias áreas de acción incluidas en el Plan de Acción Mundial de la OMS para la Respuesta de Salud Pública a la Demencia 2017-2025. Otras áreas incluyen: fortalecimiento de los sistemas de información para la demencia, diagnóstico, tratamiento y atención, apoyo a los cuidadores de personas con demencia, e investigación e innovación.

Para la Organización Mundial, estas nuevas Directrices proporcionan una base de conocimientos a los proveedores de atención sanitaria, los Gobiernos, los responsables políticos y otras partes interesadas en reducir el riesgo de deterioro cognitivo y demencia y fortalecer su respuesta al desafío que ello supone, mediante una estrategia de salud pública. Como muchos de los factores de riesgo de demencia se vinculan también con enfermedades no transmisibles, se pueden integrar eficazmente recomendaciones clave en programas encaminados a promover el abandono del consumo de tabaco, reducir los riesgos de sufrir enfermedades cardiovasculares y mejorar la nutrición.

La OMS insta a hacer el mejor uso de estas recomendaciones con el fin de mejorar la vida de las personas con demencia, sus cuidadores y sus familias.

La guía se encuentra disponible en distintos idiomas en la página Web de la OMS, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Risk reduction of cognitive decline and dementia

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