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Organizaciones europeas manifiestan preocupación por la influencia de la industria farmacéutica en la profesión médica

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Curación de Contenido por Gloria Remírez

De este modo, el nuevo conjunto de reglas presenta algunas definiciones novedosas con respecto al anterior, e incluye una nueva sección sobre educación médica que describe el alcance de la participación de las compañías miembro en “actividades de educación médica”. Tal y como manifiestan los firmantes de la declaración conjunta, esta nueva sección es controvertida, dado que explicita que los miembros de la EFPIA pueden participar en la educación médica, bien financiando la llamada “educación médica independiente” (aunque falta una definición de lo que se entiende por “independiente”), bien organizando y aportando información sobre el contenido de las “actividades de educación médica”. A este respecto, lamentan que no se incluyan descripciones relativas a las diferencias entre ambos tipos de educación, lo que, a su juicio, “hace que el uso de dichos términos esté abierto a interpretación y confusión, tanto para médicos como para proveedores”. Asimismo, aunque el Código indica que “el contenido (proporcionado por la industria) debe ser justo, equilibrado y objetivo, y diseñado para permitir la expresión de diversas teorías y opiniones reconocidas”, no establece quién determinará tal objetividad, ni existe referencia alguna a la acreditación formal.

Según afirma la declaración conjunta, la industria no debe influir en el contenido, la presentación, la elección de los docentes o la publicación de resultados, pues “únicamente los eventos que respetan este principio clave, entre otros, pueden reconocerse para fines de educación médica continua/desarrollo profesional continuo”; sin embargo, la realidad actual muestra que “una parte sustancial de la educación médica está financiada actualmente por las industrias farmacéutica y de dispositivos médicos”, una práctica que, a juicio de las organizaciones firmantes, “conlleva un riesgo significativo para la salud pública y personal, especialmente, si no está adecuadamente protegida por un alto nivel de acreditación”.

En este sentido, explican que las industrias farmacéuticas y de dispositivos pueden influir en los eventos educativos, favoreciendo la presentación de nuevos productos terapéuticos fabricados por ellos o minimizando la eficacia de otro tipo intervenciones alternativas a la medicación (terapias no farmacológicas). Esto se puede lograr, por ejemplo, reduciendo la gama de temas cubiertos en los programas educativos, y presentando la evidencia y el contenido “de una manera sesgada que beneficie los intereses comerciales de los organismos financieros”.

Como consecuencia de lo anterior, la declaración conjunta señala que “las interferencias de la industria en la educación médica pueden influir indebidamente en los juicios profesionales”. Un efecto, según indica, es que los médicos que asisten a eventos educativos patrocinados por la compañía tienden a tener actitudes más positivas y una mayor inclinación a recetar medicamentos de la marca de los financiadores, “incluso si otros pueden ser más eficaces, más seguros y menos costosos”.  Paralelamente, se observa que los profesionales de la salud que reciben beneficios como el acceso a la educación médica de las compañías farmacéuticas, suelen tomar decisiones en línea con el interés de estas compañías, con mayor frecuencia.

Todo ello, alertan, “puede poner en peligro la seguridad de los usuarios y pacientes”.

Esta misma advertencia ya fue realizada por la organización Mental Health Europe, mediante un informe publicado a principios de 2019, a través del cual abordaba la naturaleza y el impacto de la interacción entre la industria farmacéutica con la Comunidad médica, y establecía una serie de recomendaciones en pro de la transparencia en este tipo de relaciones.

De acuerdo con el informe de MHE, dicha influencia puede perjudicar la calidad de la atención médica, derivando en conductas prescriptivas inadecuadas, sobremedicación y/o uso no indicado de medicamentos, resultados sesgados en las investigaciones y en las Pautas de Práctica Clínica, conflictos de intereses, decisiones de reembolso sesgadas, etc.  De forma específica, señalaba que el sector de la salud mental está particularmente afectado por la falta de transparencia (al “limitar el apoyo disponible para los usuarios de estos servicios”), y ponía de relieve la contribución de esta problemática, “a un exceso de confianza en el modelo puramente biomédico”, lo que se traduce, hoy en día, en una medicación excesiva y una dependencia preocupante de las drogas como la principal forma de tratamiento en salud mental, junto con la toma de decisiones no éticas y parciales en este ámbito de la salud.

En este sentido, aportaba datos que apuntan a la visita de representantes farmacéuticos como uno de los factores de mayor impacto en las conductas de prescripción de los médicos. Concretamente en salud mental, las cifras revelaban que la tasa de recetas aumenta después de que los psiquiatras hubieran visto a un representante o recibido muestras gratuitas.

Atendiendo a la problemática expuesta, las organizaciones firmantes recogen una serie de puntos críticos que transcribimos a continuación:

  • “Estamos más preocupados por el hecho de que la EFPIA, que representa a la industria farmacéutica, está tratando de ampliar el enfoque de la educación médica, para incluir actividades que no se evalúan de forma independiente, como libres de influencias indebidas y conflictos de intereses. Dada la evidencia científica disponible, la educación médica no puede abarcar actividades exclusivamente financiadas y organizadas por la industria. Esto ha demostrado ser parcial y no se caracteriza por un enfoque integral de la educación y el desarrollo profesional.

  • Reconocemos que la industria tiene el derecho de respaldar sus propios intereses comerciales, con información sobre productos o sobre enfermedades específicas. Sin embargo, es imperativo que la educación médica continua permanezca independiente.

  • Creemos que, para preservar la integridad científica y la independencia, a las compañías farmacéuticas no se les debe otorgar el derecho de influir en el contenido de la educación médica.

  • Nuestra posición se basa en la expectativa de que aquellos que tienen intereses comerciales en el campo de la atención médica, no deben tener ninguna influencia sobre la forma en que se transfiere el conocimiento médico. De este modo, se puede evitar cualquier distorsión de la evidencia y su posterior impacto negativo en los usuarios, pacientes y sistemas de salud. Apoyamos la declaración realizada por el Comité Permanente de Médicos Europeos en sus directrices sobre la transparencia de las relaciones entre los médicos y la industria de la salud.

  • El contenido y el material de las actividades y eventos educativos deben ser diseñados por organizadores independientes y no pueden recibir ninguna influencia por parte de empresas patrocinadoras. La independencia de la educación médica es un interés primario esencial en la atención médica que debe protegerse contra cualquier interés secundario.

  • La educación médica continua es una obligación ética y un elemento fundamental de la práctica médica actualizada e innovadora. Únicamente la educación médica totalmente independiente puede contribuir a mejorar los resultados del paciente y la calidad de la atención.”

Se puede acceder al documento desde la página Web de Mental Health Europe, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Regulando el sesgo en la educación médica

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