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¿Qué significa que un cerebro o una mente no funcionen correctamente?

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Esta pregunta está en el centro del desafío planteado por los defensores de la neurodiversidad que han argumentado que discapacidades como el autismo o la dislexia pueden ser de hecho “variaciones naturales” en lugar de condiciones patológicas.

Algunos científicos descartan la perspectiva de la neurodiversidad por estar en desacuerdo con el consenso científico. Sin embargo hay razones para pensar que los defensores de la neurodiversidad pueden haber tenido razón desde el principio.

¿Por qué?. Primero, los modelos dominantes de funcionamiento mental en los que se basa nuestro consenso científico pasan por alto sistemáticamente una variedad de formas de funcionamiento, lo que lleva a una patologización rutinaria de las minorías cognitivas. En segundo lugar, porque existe nuevo modelo que evita estos problemas y apoya la perspectiva de la neurodiversidad.

La concepción dominante de “trastorno” (ya sea mental o físico) lo define como “disfunción dañina”. La idea detrás de la concepción de la “disfunción dañina” es que la “disfunción” es un deterioro biológico o cognitivo objetivo, mientras que el componente de “daño” está mediado socialmente y asociado con la discapacidad o la angustia.

Los modelos dominantes de funcionamiento mental buscan ser consistentes con la biología evolutiva y, por lo tanto, se enfocan en la adaptación o aptitud individual. Podemos llamar a estos modelos “comparativistas individuales”, ya que se centran en el individuo y lo comparan con una norma funcional más amplia. Esta forma de modelar el funcionamiento mental lleva a clasificar a todos los seres humanos, y a las personas a clasificarlas, por ejemplo, como “muy inteligentes” o “de bajo funcionamiento”. 

Hasta ahora, los defensores de la neurodiversidad han desafiado el aspecto de “daño” del trastorno mental basándose en modelos sociales de discapacidad para proporcionar una alternativa al modelo médico. Esto proporciona parte de la base teórica para la crítica de la neurodiversidad al mostrar que el daño que las personas neurodivergentes a menudo experimentan puede aliviarse cambiando el entorno.

Los defensores de la neurodiversidad también han cuestionado si nuestra comprensión de la cognición “normal” y “patológica” es objetiva. Como muchos han señalado, hay buenas razones para pensar que existe cierta arbitrariedad en la forma en que construimos la normalidad en nuestros modelos de funcionamiento mental. Otros señalan que cosas como las etiquetas funcionales son perjudiciales.

Sin embargo, demostrar que un modelo social puede ser útil para una discapacidad no demuestra por sí solo que no exista disfunción médica, ya que es perfectamente coherente que una patología genuina se alivie mediante el uso de un modelo social. Además, mostrar que los modelos existentes tienen cierta arbitrariedad no es suficiente para descartar estos modelos como tales, ya que todos los modelos científicos son algo arbitrarios.

Debido a esto, para hacer que la perspectiva de la neurodiversidad sea más convincente desde una perspectiva científica, los defensores de la neurodiversidad no solo tienen que criticar el modelo existente. También deben proporcionar un modelo alternativo que tenga mayor utilidad que los modelos dominantes.

Defensores de la neurodiversidad como Judy Singerenfatice comentan que las mentes humanas funcionan más como un ecosistema que como individuos que compiten entre sí. Hay tres puntos relacionados en apoyo de esto que son:

Primero, diferentes mentes pueden tener un funcionamiento más especializado que es funcional a su manera, a pesar de caer fuera de la norma. Por ejemplo, muchas personas disléxicas son muy creativas a pesar de tener otras discapacidades.

En segundo lugar, la diversidad neurocognitiva en sí misma es beneficiosa a nivel de grupo, ya que cuanto más cognitivamente diversos sean los grupos, más recursos cognitivos tendrán para adaptarse a entornos cambiantes. Esto puede significar que es bueno desde la perspectiva del grupo incluir una diversidad de mentes, independientemente de si algunas están asociadas con la discapacidad.

En tercer lugar, qué formas de funcionamiento mental funcionan bien o no en un momento dado estarán determinadas en gran parte por cómo construimos el entorno. Nuestra cognición está respaldada por factores externos, y lo que parece una disfunción individual puede de hecho ser un problema con el andamiaje cognitivo.

Una vez que tomamos en cuenta estos factores, queda claro que los modelos dominantes no son simplemente arbitrarios. Más bien, sistemáticamente pasan por alto o subestiman el funcionamiento neurodivergente debido a su perspectiva comparativista individualista.

Referencia:

Chapman, R. (2021). Neurodiversity and the Social Ecology of Mental Functions. Perspectives on Psychological Science. Online first. https://doi.org/10.1177/1745691620959833

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