La religión se relaciona con una mejor salud mental y un menor consumo problemático de sustancias, pero un nuevo estudio sugiere que estos beneficios no necesariamente provienen de la religiosidad por sí misma. En buena medida, podrían explicarse por el sentido de propósito en la vida y los hábitos relacionados con el uso de redes sociales.
La investigación, realizada con 2,907 adultos judíos en Israel durante febrero de 2025, encontró que las personas religiosas y ultraortodoxas reportaban mayor sentido de propósito, menor uso de redes sociales y menor exposición a contenido digital potencialmente dañino. A su vez, un mayor sentido de propósito se relacionó con menos problemas de salud mental, adicciones conductuales y consumo problemático de sustancias.
Sin embargo, al considerar estadísticamente el sentido de vida y los hábitos digitales, la relación protectora entre religión y salud mental desapareció. Esto sugiere que la religión podría contribuir al bienestar principalmente a través de mecanismos como proporcionar significado, estructura, comunidad y determinadas pautas de comportamiento.
El consumo problemático de sustancias mostró un resultado diferente: incluso después de considerar el sentido de vida y el uso de redes sociales, la religión siguió asociándose con menores niveles de consumo problemático. Los investigadores plantean que las normas comunitarias y las estructuras sociales propias de los grupos religiosos podrían desempeñar un papel protector independiente.
Un hallazgo inesperado apareció en las adicciones conductuales. Una vez considerados el propósito vital y los hábitos digitales, los participantes religiosos mostraron una mayor tendencia a reportarlas. Los autores señalan que comportamientos privados como la ludopatía, el consumo de pornografía o ciertas conductas compulsivas podrían ser menos visibles dentro de las comunidades religiosas.
El estudio tiene una limitación importante: es transversal, por lo que no permite demostrar que la religión cause una mejor salud mental. Además, los datos fueron recopilados durante una guerra, una situación que pudo intensificar tanto la exposición a contenidos perturbadores en internet como el malestar psicológico.
En conclusión, los resultados no indican que “la religión no importe”. Más bien sugieren que su posible influencia sobre el bienestar psicológico puede operar a través de vías concretas, especialmente el sentido de propósito, las relaciones comunitarias y determinados hábitos de vida y digitales. Los investigadores planean utilizar estudios longitudinales para determinar cómo estos factores se relacionan entre sí a lo largo del tiempo.
Referencias:
Título: Association of Religiosity, Meaning in Life, and Social Media use with Common Mental Health Disorders.
Autores: Aaron D. Cherniak, Dvora Shmulewitz, Maor Daniel Levitin, Vera Skvirsky, Ariel Kor, Shaul Lev-Ran y Mario Mikulincer.
Publicado en: International Journal of Mental Health and Addiction.
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