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Tus conocidos pueden estar pasando por momentos más difíciles de lo que tú piensas

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En un estudio, un grupo de estudiantes universitarios estimó qué porcentaje de sus compañeros habían pasado por una serie de experiencias emocionales positivas y negativas en las últimas dos semanas. También informaron si ellos mismos los habían experimentado. Luego, los investigadores compararon sus estimaciones con el número real informado por sus pares.

Las experiencias negativas incluyeron haber tenido una pelea angustiosa, extrañar a familiares y amigos lejanos, sentirse abrumado por el trabajo, ser rechazado, recibir una mala calificación y preocuparse por la salud. Los positivos incluyeron ir a una fiesta divertida, hablar con familiares y amigos lejanos, recibir una calificación alta, practicar deportes, salir con amigos y disfrutar de una excelente comida.

Los resultados revelaron que los participantes asumieron que las experiencias negativas eran significativamente menos comunes de lo que realmente eran. Por ejemplo, estimaron que solo alrededor de la mitad de sus compañeros sintieron nostalgia recientemente, cuando de hecho más del 80 por ciento informó esos sentimientos. Las otras experiencias negativas también fueron subestimadas en al menos un 10 por ciento. En otras palabras, muchas personas creían que las cosas difíciles por las que estaban pasando eran menos comunes de lo que realmente eran. Las experiencias positivas, por el contrario, eran más propensas a sobreestimarse, al menos en el caso de salir con amigos, asistir a una fiesta y hacer deporte.

En otro estudio realizado por los mismos investigadores, los estudiantes universitarios calificaron cuánto experimentaron una variedad de emociones positivas y negativas cada semana durante su primer semestre de la universidad. Luego nominaron a amigos cercanos, compañeros de habitación y parejas románticas para calificar en privado sus percepciones de las emociones de los participantes. Una vez más, la gente tendía a subestimar las emociones negativas de sus compañeros y a sobrestimar sus emociones positivas. Por ejemplo, veían a sus compañeros menos ansiosos, tristes y solitarios —y más confiados y felices— de lo que realmente se sentían sus compañeros.

¿Por qué tenemos una percepción sesgada de las experiencias de los demás?

Una explicación es que es menos probable que las personas expresen emociones negativas en situaciones sociales, lo que dificulta que los demás perciban con precisión sus verdaderos sentimientos. Para probar esta hipótesis, los investigadores preguntaron a los participantes cuánto expresaban externamente (en lugar de reprimir) las emociones que experimentaban. Descubrieron que la mayoría de los participantes reprimían sus emociones hasta cierto punto, especialmente las negativas. Cuanto mayor era la discrepancia entre lo que sentían y lo que mostraban, menos precisos eran sus compañeros.

Es comprensible que alguien pueda reprimir una emoción negativa si no cree que la experiencia sea compartida por otros; podría temer que expresarla pueda ser vergonzoso o estigmatizante. Pero reprimir las emociones refuerza la percepción errónea que dio lugar al impulso de reprimir en primer lugar, porque comunica a los demás que sus propias luchas privadas pueden ser menos comunes y menos aceptables de compartir.

Otra explicación de nuestras percepciones sesgadas es que tendemos a atribuir en exceso el comportamiento de otras personas a rasgos internos, que los psicólogos denominan el error fundamental de atribución. Por ejemplo, podríamos interpretar la conducta alegre de un colega en el trabajo como un reflejo de una disposición genuinamente alegre, pero reconocer más fácilmente que nuestra propia alegría está impulsada por nuestro deseo de comportarnos de una manera socialmente apropiada en un entorno laboral.

El mismo sesgo puede ocurrir cuando consumimos las redes sociales: sabemos intelectualmente que las personas a menudo presentan una autoimagen “filtrada”, pero nuestros cerebros aún se aferran a la idea de que las presentaciones de otras personas son más auténticas que las nuestras. La combinación del conocimiento de que nosotros mismos podemos estar presentando una realidad sesgada con la suposición de que otros no lo están puede ser especialmente dañina.

En un tercer estudio, los investigadores examinaron algunas de las consecuencias para la salud mental de percibir mal las emociones de los demás. Descubrieron que cuanto más subestimaban los participantes las experiencias negativas de los demás, más aislados y solos se sentían como resultado. También informaron que se preocupaban más por sus problemas y se sentían menos satisfechos con sus vidas.

Estas asociaciones pueden ir en ambas direcciones. Es decir, las percepciones erróneas pueden hacer que las personas se sientan mal, pero sentirse mal también puede hacer que las personas malinterpreten las emociones de los demás, lo que puede reforzar su estado mental negativo.

¿Existe una salida a este círculo vicioso?

Una forma de romper el ciclo es ser el primero en hablar y compartir sus sentimientos auténticos, con la esperanza de que esto ayude a otros a sentirse más cómodos haciendo lo mismo. Esto implica asumir un riesgo: otros pueden permanecer en silencio o puede haber costos sociales o profesionales. Pero puede que nos sorprenda la cantidad de situaciones en las que ser auténtico termina valiendo la pena. A veces, todo lo que se necesita es una sola voz para desafiar la ilusión de que todos lo están pasando mejor.

Fuente: Personality and Social Psychology Bulletin

Jordan, A. H., Monin, B., Dweck, C. S., Lovett, B. J., John, O. P., & Gross, J. J. (2011). Misery has more company than people think: Underestimating the prevalence of others’ negative emotions. Personality and Social Psychology Bulletin, 37(1), 120–135.

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