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Un nuevo informe aborda la atención a la salud mental en campamentos de refugiados

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Curación de Contenido por Gloria Remírez

La asistencia y servicios a personas con problemas en salud mental no son iguales en todas las partes del mundo, principalmente entre las víctimas de crisis humanitarias. En contexto de desplazamiento forzoso, guerra o desastre natural, el trauma sufrido tiene potencial para repercutir a nivel psicológico, expresándose en los comportamientos, emociones y/o relaciones interpersonales.

Así lo afirma un informe impulsado por la organización Mundo en Movimiento (organización sin ánimo de lucro que se ocupa de aspectos multidimensionales de las migraciones), a través del cual se realiza un acercamiento a la atención en salud mental en los Campamentos de refugiados y refugiadas Saharauis de Tindouf (Algeria).

El documento parte de un trabajo de investigación de tipo etnográfico realizado en dichos campamentos, en noviembre de 2018. En palabras de sus autores, el informe habla de salud mental rechazando la teoría biologicista imperante como causa de trastornos psiquiátricos, la occidentalización de los problemas de salud mental y su manejo a nivel personal y comunitario, y parte del entendimiento del sufrimiento psíquico como una experiencia multicausal donde las variantes sociodemográficas, políticas y culturales tienen una influencia clara en el desarrollo, resolución y/o mantenimiento de este.

Tal y como señalan en el texto, la salud mental de las personas refugiadas o que han realizado un desplazamiento forzoso puede verse afectada tanto a nivel individual como comunitario, independientemente de la causa que lo ocasione, y puede estar influenciada por múltiples factores, como la separación de su familia y contexto social, las experiencias traumáticas vividas en país de origen, durante el viaje o en el lugar de acogida, las pérdidas de sistemas de apoyo, las barreras lingüísticas y culturales y las condiciones legales y socioeconómicas adversas.

Muchos de estos desplazamientos forzosos se realizan de forma irregular o en situación de crisis humanitaria, lo que aumenta los riesgos en salud, tanto física como psíquica, a corto, medio o largo plazo, pudiendo experimentar miedo, inseguridad, angustia, ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, dificultad de concentración, duelo por la pérdida de seres queridos, síntomas de depresión (alteraciones del humor, tristeza), desesperanza y pérdida de confianza en sí mismas y en los demás, imágenes recurrentes, flashbacks y pesadillas, o dolencias psicosomáticas.

De acuerdo con los datos del estudio, en los Campamentos de refugiados y refugiadas saharauis de Tindouf existen escasos datos oficiales publicados en cuanto a la prevalencia de problemas de salud mental y los servicios dedicados a este ámbito de la salud son limitados; estos servicios cuentan con dos psicólogas saharauis.

El informe alerta del rol del estigma de los problemas de salud mental y la visión social negativa en torno a los mismos, que conlleva un estado de posible marginación y rechazo social hacia las personas que tienen estas problemáticas, pudiendo ser agredidas o insultadas en ocasiones. Esto supone que en muchos casos sientan miedo y vergüenza, y cuando acuden a los servicios sanitarios de salud mental, “algunas de ellas intentan hacerlo en secreto, completamente cubiertas, o a escondidas, evitando, también, dar datos personales, esperando que no se les reconozca y poder mantener en el anonimato su problemática”. Las consecuencias de ello, es un retraso en la petición de ayuda, tanto en los servicios de salud mental como a nivel familiar.

Dentro de los servicios sanitarios, la práctica más habitual es que se derive a las personas con problemas de salud mental a los servicios de Psicología, por ser ellos los referentes en el trato con personas con sufrimiento psíquico. Sin embargo, desde la consulta de Psicología se sabe que, previamente, estas personas suelen acudir a otros apoyos tradicionales, como la ruquiya (rito que consiste en la lectura del Corán para sanar el sufrimiento de las personas), antes que a los servicios sanitarios.

Asimismo, los profesionales que se dedican a la salud mental expresan haber sufrido estigma también por estar en contacto con personas con estos problemas. En esta línea desde estos servicios se han llevado a cabo acciones para luchar contra el estigma imperante, con el fin de fomentar la inclusión social, dar a conocer la Psicología como una herramienta para mejorar el malestar psíquico y los servicios que ofrece el Departamento de Salud Mental para ello.

Además de acciones colectivas, las psicólogas ponen de relieve la importancia del trato dado en consulta para incrementar la confianza de los pacientes con los servicios de salud mental y, por lo tanto, acudir cuando reconocen problemas, tratándolos desde una perspectiva inclusiva y de derechos.

Según el informe, todas estas acciones en conjunto han supuesto diferentes logros en la lucha frente al estigma, demostrado en el aumento del reconocimiento de la figura de la psicóloga, y la forma de acudir a la consulta: “algunas personas acuden porque no tienen más remedio; otras, aunque tapadas y con miedo, acuden a solicitar apoyo, y otras personas acuden preguntando por la psicóloga.

Los autores concluyen recordando, entre otros aspectos fundamentales, que para trabajar en la intervención con refugiados, es necesario un profundo conocimiento y estudio de cómo las realidades en las que se ven inmersos afectan a la subjetividad de las personas y a sus relaciones como comunidad.

Se puede acceder al informe desde la página Web de FEAFES, o bien directamente a través del siguiente enlace:

Sáhara en Mente

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