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Una vida saludable mejora nuestras funciones cerebrales ejecutivas

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Una nueva investigación sugiere que vivir un estilo de vida más saludable mejora la capacidad de ejercer el autocontrol, establecer y cumplir metas, resistir la tentación y resolver problemas.

Por otra parte, los investigadores descubrieron que estas funciones ejecutivas proporcionan un lazo de retroalimentación positiva que permite a las personas llevar un estilo de vida más saludable, que a su vez, mejora su función ejecutiva.

“Parece que la actividad física y la función ejecutiva son sinérgicas – se mejoran unas a otras”, dicen los autores del estudio.

Investigadores de la Universidad de Aberdeen, la Universidad de Stirling y la Universidad de Dublín, utilizaron datos recopilados de 4.555 adultos a través del Estudio Longitudinal Inglés del Envejecimiento.

Analizaron la relación entre la actividad física y la función ejecutiva, ajustándose a otras variables como la edad, el género, la educación, la riqueza y la enfermedad. Encontraron evidencia de que la relación entre las dos es bidireccional.

Las personas con una función ejecutiva deficiente mostraron descensos posteriores en sus tasas de participación en la actividad física y los adultos mayores que practicaban deportes y otras actividades físicas tendían a retener altos niveles de la función ejecutiva en el tiempo.

Del mismo modo, los lazos de retroalimentación negativa también existen.

Por ejemplo, los comportamientos no saludables como fumar o beber demasiado alcohol serán a la vez un resultado de un declive de la función ejecutiva. Esto tiene implicaciones, según el estudio, para el envejecimiento.

Cuanto mayor es una persona, más probable es que la función ejecutiva disminuya, señala el estudio.

Las personas mayores, entonces, pueden estar más propensas a participar en comportamientos no saludables como el permanecer sedentario y menos propensos a mantener comportamientos sanos como el tomar medicamentos recetados con regularidad.

Por el contrario, mientras más tiempo se pueda mantener una alta función ejecutiva, más tiempo y más fácilmente esa persona puede evitar comportamientos que serán perjudiciales para su salud.

La Dra. Julia Allan sugiere que “las personas que cambian su comportamiento de salud, como por ejemplo el participar en actividades físicas, comer menos alimentos procesados o consumir más frutas y verduras, pueden ver una mejora en su función cerebral con el tiempo y aumentar sus posibilidades de permanecer saludables a medida que envejecen “.

Los investigadores creen que esto puede ser una razón por la cual aquellos con mayor función ejecutiva tienden a tener menos enfermedades crónicas y vivir más tiempo que aquellos que tienen una función ejecutiva más débil.

Con una proyección de la población mundial de ancianos cerca de 1,5 mil millones en 2050, como el estudio señala, la investigación podría tener implicaciones importantes para el futuro de la atención de la salud.

Fuente: The Frontiers in Neuroscience

Título del artículo: A Bidirectional Relationship Between Executive Function and Health Behaviors

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