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Vivir en un entorno rural favorece el bienestar mental de las personas mayores

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Curación de Contenido por Gloria Remírez

El bienestar mental de las personas de edad avanzada es un término que hace referencia a cómo las personas mayores percibe su existencia cotidiana, es decir, si su perspectiva vital es positiva o negativa, lo que, a su vez, hace que su vida sea agradable o desagradable.

El sentido positivo del bienestar emocional permite que las personas vivan de manera plena y se sientan integradas en la sociedad; además, las personas con una buena salud mental tienen una mayor capacidad de recuperarse de enfermedades, cambios o desgracias sobrevenidas.

Una investigación realizada por investigadoras de las universidades de Barcelona y Pompeu Fabra (Catalunya, España) se centra en un ámbito poco estudiado hasta ahora: la asociación entre las principales variables vinculadas al bienestar mental satisfactorio de las personas mayores y las características rurales o urbanas del medio de vida en el que se desarrollan.

El trabajo, publicado recientemente en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, ha sido realizado conjuntamente por Manuela Alcañiz y Maria-Carme Riera-Prunera, investigadoras del Departamento de Econometría, Estadística y Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona, ??y Aïda Solé-Auró, investigadora del Grupo de Investigación en Sociodemografia (DemoSoc) del Departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la UPF.

“La autopercepción que tienen las personas mayores que viven en zonas rurales en cuanto a las limitaciones de la salud y el envejecimiento, se asocia a un deterioro del bienestar mental más bajo, mientras que la vida en las zonas urbanas está relacionada con un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales atribuibles a dificultades económicas o al bajo nivel educativo”, afirman las autoras, que sostienen que incentivar a las personas mayores a vivir en entornos rurales podría dar lugar a un mayor bienestar en las últimas etapas de la vida.

La investigación se ha hecho a partir de microdatos transversales extraídos de la Enquesta de Salut de Catalunya (ESCA) entre los años 2015 y 2017, una encuesta oficial a toda la población residente en Cataluña, que se hace de manera ininterrumpida durante todo año. La muestra, representativa de la población global, incluyó 2.621 individuos (1.219 hombres y 1.402 mujeres) de 65 años y más, que vivían en municipios clasificados como rurales, semi-rurales y urbanos.

Todos ellos respondieron personalmente a un cuestionario, que proporciona una información extensa sobre la salud y los estilos de vida de los individuos en relación con un amplio conjunto de factores sociodemográficos. Los resultados se midieron mediante la escala de bienestar mental Short Warwick-Edimburg (SWEMWBS), que permitió extraer indicadores de bienestar mental.

El trabajo ha buscado identificar factores que pueden influir en el bienestar mental de las personas mayores en la zona de estudio, valorar hasta qué punto el nivel de ruralidad del municipio de origen está asociado a valores significativamente diferentes dentro de la escala de bienestar mental, y si la magnitud de esta asociación depende de aspectos sociodemográficos, de la salud y de las características del estilo de vida del individuo.

Algunos de los factores de riesgo que las autoras han identificado han sido los factores demográficos, el estado económico, la salud autopercibida, la carga de salud física, las limitaciones funcionales y la dependencia, el apoyo social, la carga familiar, la actividad física y las horas de sueño. “Las variables relacionadas con el estado de salud, la autonomía personal y el apoyo social parecen estar fuertemente asociadas al bienestar mental”, afirman las investigadoras.

Los resultados finales muestran que un nivel más alto de ruralidad está asociado a un mejor nivel de bienestar mental. Así, mientras que en las zonas urbanas el 21,4% de los individuos de la muestra tuvo puntuaciones deficitarias, este porcentaje fue del 17,4% para el entorno semi-rural y del 12,9% para los residentes en el entorno rural.

El estudio afirma que las políticas sociales deben procurar abordar no sólo los problemas de salud, sino el bienestar en todas sus facetas, también en el ámbito mental, y tanto en entornos urbanos como rurales. Este propósito se enmarca en uno de los principales retos que tiene la sociedad actual, que es asegurar la calidad de vida durante el envejecimiento, una etapa en la que se encuentra cada vez una mayor cantidad de la población.

“Nuestros resultados refuerzan la creencia de que las buenas políticas de bienestar social son cruciales. Los responsables políticos deben procurar planificar disposiciones específicas de servicios para diferentes áreas geográficas que presenten patrones demográficos diferentes”, concluyen las autoras. (Fuente: UPF)