Un estudio reciente publicado en The Journal of Neuroscience encontró que la música puede fortalecer la conexión social entre las personas, especialmente cuando incluye progresiones de acordes familiares y predecibles. Los investigadores descubrieron que escuchar este tipo de música mientras se mantiene contacto visual activa áreas del cerebro relacionadas con la interacción social y genera una mayor sensación de cercanía emocional.
El estudio fue realizado por científicos de la Universidad de Yale, quienes buscaban entender por qué la música tiene la capacidad de unir a las personas y cómo podría utilizarse en terapias para combatir problemas relacionados con el aislamiento social, como la ansiedad, la depresión o el autismo.
Para llevar a cabo la investigación, participaron 40 adultos organizados en parejas. Sentados frente a frente, los participantes escucharon dos tipos de música: una con acordes armónicos y fáciles de anticipar, similares a los de muchas canciones populares, y otra con una estructura más caótica e impredecible. Mientras sonaba la música, un cristal transparente u opaco les permitía o impedía verse mutuamente.
Los científicos registraron la actividad cerebral usando una técnica que mide cambios en la oxigenación de la sangre en el cerebro. Después de cada sesión, las personas calificaban qué tan conectadas se sentían con su compañero.
Los resultados mostraron que la mayor sensación de conexión ocurrió cuando los participantes podían verse mientras escuchaban la música más estructurada y predecible. Además, varias regiones cerebrales vinculadas al comportamiento social, la empatía y la comprensión de otras personas mostraron una mayor actividad.
Otro hallazgo importante fue que las ondas cerebrales de ambas personas tendían a sincronizarse durante estas experiencias compartidas, lo que sugiere que la música puede ayudar a crear estados emocionales y sociales en común.
Los investigadores creen que esto podría explicar por qué ciertas canciones generan sentimientos de unión en conciertos, ceremonias religiosas o reuniones sociales. También plantean la hipótesis de que los compositores, quizá de manera intuitiva, han utilizado durante siglos progresiones de acordes que favorecen la conexión humana.
Aunque el estudio aún es una primera aproximación, los autores consideran que abre la puerta al desarrollo de terapias musicales basadas en evidencia científica. En el futuro esperan investigar cómo este tipo de música podría ayudar a personas con problemas de salud mental o dificultades para relacionarse socialmente.
Referencias:
Título: Listening to a Consonant Chord Progression during Live Face-to-Face Gaze Enhances Neural Activity in Social Systems.
Autores: Dash A Watts, AZA Stephen Allsop, Simone Compton, Xian Zhang, J Adam Noah y Joy Hirsch.
Publicado en: The Journal of Neuroscience.
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