La desigualdad también moldea el cerebro de los niños

La desigualdad también moldea el cerebro de los niños

Un estudio publicado en Nature Mental Health revela que crecer en estados con alta desigualdad de ingresos puede afectar el desarrollo cerebral de los niños, aumentando su vulnerabilidad a problemas de salud mental en la adolescencia y adultez.

La investigación analizó escáneres cerebrales y evaluaciones psicológicas de más de 8,000 niños de 9 a 10 años en EE. UU. Los resultados mostraron que quienes viven en entornos con mayor desigualdad económica presentan cerebros más delgados y pequeños, así como conexiones cerebrales diferentes a las de niños que viven en contextos más equitativos. Estas diferencias se detectaron en áreas relacionadas con la regulación emocional, la atención, la toma de decisiones y el procesamiento sensorial.

La desigualdad se midió con el coeficiente de Gini, que refleja cuán desigual es la distribución del ingreso en una sociedad. Los investigadores encontraron que no solo la pobreza influye, sino la desigualdad en sí misma, que afecta cómo las personas perciben su estatus social y sentido de pertenencia. Estas experiencias pueden generar estrés prolongado, lo que impacta directamente en el cerebro en desarrollo.

El estudio también dio seguimiento a los niños 6 y 18 meses después de la evaluación inicial. Quienes vivían en estados más desiguales mostraron más síntomas de problemas de salud mental —como dificultades de atención, estado de ánimo y comportamiento—, en parte debido a las diferencias cerebrales detectadas.

Los autores subrayan que estas asociaciones se mantuvieron incluso después de considerar factores familiares como ingresos y educación de los padres. Esto sugiere que la distribución desigual de los recursos en la sociedad tiene un efecto propio y medible en el desarrollo infantil.

Aunque el estudio es amplio, tiene limitaciones: los resultados son correlacionales (no prueban causalidad), se centraron en desigualdad estatal (sin medir entornos locales), y no evaluaron directamente el estrés. Aun así, el hallazgo es significativo: la desigualdad estructural no solo afecta la economía, también moldea el cerebro y la salud mental de los niños.

Para los investigadores, esto convierte la reducción de la desigualdad en un asunto de salud pública, no solo económico. “La desigualdad crea un entorno social tóxico que literalmente moldea el desarrollo mental de los jóvenes”, concluyó la coautora Kate Pickett.

Referencias:

Título: Macroeconomic income inequality, brain structure and function, and mental health.

Autores: Divyangana Rakesh, Dimitris I. Tsomokos, Teresa Vargas, Kate E. Pickett y Vikram Patel..

Publicado en: Nature Mental Health.

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