Los humanos, al igual que muchos animales, poseemos un reloj lunar interno que sigue el ciclo de 29,5 días de la Luna. Este ritmo ha guiado durante milenios procesos como el sueño, la reproducción y otros aspectos biológicos. Sin embargo, la contaminación lumínica de ciudades, pantallas y satélites está debilitando esta señal natural.
Diversos estudios muestran que el ciclo lunar aún afecta nuestro sueño. En comunidades sin luz artificial intensa, las personas duermen menos y se acuestan más tarde en los días previos a la luna llena. Incluso en grandes ciudades, este efecto persiste aunque es más tenue. También se ha observado que no solo influye la cantidad de luz, sino los cambios gravitacionales que ocurren durante la luna llena y la luna nueva, los cuales podrían interactuar con nuestros ritmos biológicos.
En laboratorio se ha comprobado que durante la luna llena las personas tardan más en dormir, descansan menos y producen menos melatonina, la hormona del sueño. Además, un estudio reciente reveló que, antes de la expansión masiva de las luces LED y los teléfonos inteligentes, los ciclos menstruales de muchas mujeres tendían a sincronizarse con las fases de la Luna. Esa sincronía prácticamente desapareció en la última década, excepto en momentos del año donde las fuerzas gravitacionales son más intensas.
Para muchas especies, la Luna actúa como un metrónomo natural. Corales, mosquitos marinos y otros organismos utilizan su luz o sus ciclos para coordinar su reproducción y otras conductas. Pero la iluminación artificial puede desajustar estos ritmos, como ya se ha visto en arrecifes de coral cuyo desove ha comenzado a desincronizarse.
Hoy, la luz de la Luna compite con el brillo artificial permanente que cubre el planeta. Más del 80 % de la población vive bajo cielos tan iluminados que ocultan la Vía Láctea. Este exceso de luz altera los ritmos internos basados en señales ambientales y podría incluso afectar nuestra percepción del tiempo.
Aunque debilitado, el reloj lunar sigue funcionando dentro de nosotros. Pero si la contaminación lumínica continúa aumentando, corremos el riesgo de perder no solo la oscuridad natural de la noche, sino también un ritmo biológico que durante miles de años conectó a la humanidad con la Luna.
Referencias:
Título: Humans have an internal lunar clock – but light pollution is disrupting it.
Autor: Stefano Arlaud.
Publicado en: The Conversation
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