Un amplio estudio en psicología revela que las personas tienden a subestimar con frecuencia cuánto fallan las cosas en la sociedad, un fenómeno que los investigadores llaman “brecha del fracaso”. Este sesgo influye en cómo interpretamos la realidad, tomamos decisiones y apoyamos políticas públicas.
Investigaciones anteriores ya mostraban que solemos ser optimistas, especialmente en lo personal. Sin embargo, este nuevo trabajo amplía la mirada y demuestra que ese optimismo también se aplica a problemas sociales como la delincuencia, la salud o la economía. Los autores sugieren que esto no solo se debe al optimismo, sino también a cómo circula la información: los fracasos se comparten menos porque resultan incómodos o vergonzosos, lo que genera una visión incompleta de la realidad.
El estudio incluyó a unas 3,000 personas y combinó experimentos, análisis de datos reales y observación de medios como noticias, redes sociales y reseñas en línea. A los participantes se les pidió estimar la frecuencia de distintos fracasos —desde problemas globales hasta experiencias cotidianas— y sus respuestas se compararon con datos reales. En la mayoría de los casos, las personas subestimaron significativamente la frecuencia de estos eventos.
Los investigadores también encontraron que los fracasos aparecen menos en los medios y en las conversaciones públicas en comparación con los éxitos. Cuando las personas eran expuestas a información que minimizaba los fracasos, sus percepciones se volvían aún más inexactas. En cambio, cuando recibían datos más realistas o cuando hablar de fracasos era socialmente más aceptado, su percepción mejoraba.
Este sesgo no es menor: tiene consecuencias importantes. Al conocer la verdadera frecuencia de los fracasos, las personas tendían a apoyar menos medidas punitivas severas (como castigos estrictos o encarcelamiento) y más soluciones orientadas a las causas de los problemas. También se reducía el estigma en ámbitos como el trabajo, promoviendo actitudes más comprensivas y solidarias.
En conclusión, el estudio muestra que no solo percibimos mal la frecuencia del fracaso, sino que esta distorsión puede influir directamente en decisiones sociales clave. No obstante, los autores señalan que los resultados podrían variar en otras culturas, ya que la mayoría de los participantes provenían de contextos occidentales.
Referencias:
Título: The Failure Gap.
Autores: Lauren Eskreis-Winkler, Kaitlin Woolley, Minhee Kim y Eliana Polimeni.
Publicado en: Journal of Personality & Social Psychology.
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