Un estudio reciente analizó por qué algunas personas manipulan sus relaciones sociales a través del chisme, la exclusión o el sabotaje emocional, en lugar de usar agresión directa. Este tipo de conducta, conocida como “agresión relacional”, es común en entornos como el trabajo, grupos de amigos o comunidades, y puede tener efectos graves tanto para quienes la sufren como para quienes la ejercen.
Las víctimas suelen experimentar depresión, soledad y desesperanza. Por su parte, los agresores también presentan problemas emocionales, como ansiedad y dificultad para controlar sus impulsos.
La investigación se centró en cómo influyen los rasgos de personalidad en este comportamiento. En particular, analizó la llamada “tríada oscura”: psicopatía (falta de empatía y remordimiento), maquiavelismo (tendencia a manipular a otros) y narcisismo (exceso de ego o inseguridad profunda). Los resultados mostraron que estos rasgos son los principales impulsores del sabotaje social. Destacan especialmente la psicopatía y el narcisismo vulnerable, este último relacionado con personas muy sensibles al rechazo.
También se estudiaron rasgos positivos, como creer en la bondad de las personas, valorar a los demás y actuar con amabilidad. Sin embargo, los hallazgos fueron sorprendentes: tener una visión positiva del mundo o pensar bien de los demás no reduce necesariamente la agresión social. Solo ciertos factores, como actuar de forma ética (tratar a las personas como fines y no como medios) y realizar acciones concretas de ayuda, se asociaron con una menor tendencia a manipular o dañar a otros.
Un punto clave del estudio es que, en personas con rasgos oscuros, la amabilidad no reemplaza la manipulación. Es decir, pueden ser amables cuando les conviene y agresivos cuando también les resulta útil. En estos casos, la bondad se convierte en otra herramienta más para lograr sus objetivos.
En resumen, la investigación sugiere que la manipulación social está fuertemente ligada a rasgos de personalidad negativos, y que simplemente “ser buena persona” en pensamiento no es suficiente para evitar estas conductas. Lo que realmente marca la diferencia son las acciones concretas y los principios éticos aplicados en la vida diaria.
Referencias:
Título: Dark and light personalities: A utilitarian perspective on their impact on relational aggression.
Autores: Brittany Patafio, David Skvarc, Richelle Mayshak, Travis Harries, Ashlee Curtis, Michelle Benstead, Alexa Hayley, Dominic G. McNeil, Hannah Bereznicki y Shannon Hyder.
Publicado en: Personality and Individual Differences.
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