En los últimos años, algunas marcas deportivas han comenzado a afirmar que su calzado no solo mejora el rendimiento físico, sino que también puede “activar el cerebro”, aumentar la conciencia sensorial e incluso mejorar la concentración mediante la estimulación de la planta del pie. La idea se basa en que los pies contienen muchos receptores sensoriales que envían información al cerebro.
Desde la neurociencia, esta propuesta resulta interesante, pero requiere matices. Es cierto que las plantas de los pies están estrechamente conectadas al cerebro a través del sistema nervioso y cumplen un papel clave en el equilibrio, la postura y el movimiento. Por eso, el tipo de calzado puede influir en cómo caminamos, nos mantenemos estables o percibimos nuestro cuerpo en el espacio. De hecho, profesionales de la salud suelen prestar atención al calzado en personas con problemas de equilibrio o marcha.
El calzado minimalista, por ejemplo, permite que llegue más información sensorial al cerebro que los zapatos muy acolchados, lo que puede aumentar la conciencia del contacto con el suelo y, en algunos casos, mejorar el equilibrio. Sin embargo, más sensibilidad no siempre es mejor: un exceso de estímulos puede resultar distractor y aumentar la carga mental, especialmente en personas no acostumbradas.
En cuanto a la concentración y otras funciones cognitivas, la evidencia científica es limitada. Aunque la estimulación de los pies activa áreas sensoriales del cerebro, la atención y la concentración dependen de redes cerebrales mucho más complejas. Hasta ahora, no hay pruebas sólidas de que el calzado sensorial mejore de forma significativa la concentración en adultos sanos.
Eso no significa que las experiencias de las personas sean falsas. La expectativa y la creencia —el llamado efecto placebo— pueden influir en cómo nos sentimos y rendimos. Además, el cuerpo y la mente están conectados: una mejor postura o sensación corporal puede mejorar la confianza y la percepción de claridad mental.
En conclusión, la ciencia reconoce que el calzado influye en la sensación, la postura y el movimiento, pero no respalda las afirmaciones de que pueda mejorar directamente la capacidad cerebral. Los beneficios mentales más sólidos siguen viniendo del movimiento regular, el entrenamiento, el descanso y la atención, más que de un tipo específico de zapatos.
Referencias:
Título: Can shoes alter your mind? What neuroscience says about foot sensation and focus.
Autor: Atom Sarkar.
Publicado en: The Conversation.
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