Un nuevo estudio publicado en la revista Mental Health and Physical Activity propone que el ejercicio físico no solo mejora la condición corporal, sino que también ayuda al cerebro a manejar emociones negativas y experiencias desagradables. Según los investigadores, la actividad física actúa como una herramienta que favorece la regulación emocional y ayuda a reducir el impacto del estrés, la ansiedad y los pensamientos negativos.
El cerebro procesa las experiencias emocionales en varias etapas: primero percibe una situación, luego dirige su atención hacia ciertos elementos, interpreta lo ocurrido y finalmente genera una respuesta física y emocional. Cuando este proceso se descontrola, puede crear un ciclo de malestar que aumenta la ansiedad y el estrés.
Los investigadores explican que el ejercicio puede intervenir positivamente en este proceso de cuatro maneras principales.
La primera es a través de la atención. Durante una actividad física moderada, la mente se concentra en el movimiento, la respiración y las sensaciones corporales, alejando temporalmente la atención de preocupaciones y pensamientos negativos.
La segunda vía es la mejora de la función ejecutiva, es decir, habilidades mentales como el autocontrol, la flexibilidad de pensamiento y la capacidad de reinterpretar situaciones difíciles desde una perspectiva más positiva. Después de hacer ejercicio, las personas suelen manejar mejor los conflictos emocionales y reaccionar con más calma.
La tercera forma tiene que ver con la memoria. El estudio sugiere que ciertas actividades físicas intensas pueden disminuir la fuerza emocional de recuerdos negativos. Esto ocurre porque el cerebro comparte recursos mentales entre el movimiento y el procesamiento de recuerdos, lo que puede reducir la rumiación mental asociada con la ansiedad y la depresión.
La cuarta vía está relacionada con el sistema de recompensa del cerebro. El ejercicio libera sustancias químicas como la dopamina, que generan sensaciones de bienestar, motivación y satisfacción. Esto ayuda a cambiar el estado emocional de una actitud defensiva hacia una más positiva y orientada a objetivos.
Además, los autores destacan que el ejercicio habitual produce beneficios más duraderos. Con el tiempo, la práctica constante fortalece mecanismos automáticos de regulación emocional y hace que las personas respondan al estrés de manera más flexible y equilibrada. Actividades como el yoga y el tai chi pueden aportar beneficios adicionales al combinar movimiento con atención plena y conciencia corporal.
Aunque los efectos pueden variar según la edad, condición física o estado de salud mental de cada persona, los investigadores concluyen que mantener un estilo de vida activo puede convertirse en una poderosa herramienta de protección para la salud emocional y mental.
Referencias:
Título: The moving brain: A cross-pathways framework linking exercise to the modulation of aversive information processing,.
Autores: Haiting Zhu y Yifan Zhang.
Publicado en: Mental Health and Physical Activity .
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