Los científicos acaban de descubrir una sorprendente ilusión en cómo recordamos el tiempo.

Los científicos acaban de descubrir una sorprendente ilusión en cómo recordamos el tiempo.

Cuando algo se repite con frecuencia, tendemos a recordarlo mejor. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Psychological Science ha descubierto que también podemos creer erróneamente que las experiencias repetidas ocurrieron hace más tiempo del que realmente ocurrieron. En seis experimentos con cientos de adultos, los investigadores descubrieron que, al presentar una imagen o información varias veces, las personas juzgaban sistemáticamente su primera aparición como algo más remoto de lo que realmente ocurrió. Esta ilusión temporal, llamada «efecto de repetición temporal», fue sorprendentemente intensa, distorsionando el recuerdo de las personas sobre cuándo ocurrió algo hasta en un 25 %.

Este hallazgo desafía una suposición arraigada en psicología: que la intensidad o intensidad de un recuerdo nos ayuda a estimar la antigüedad de un suceso. Según esta idea, si un recuerdo se percibe borroso o confuso, asumimos que ocurrió hace mucho tiempo. Si se percibe fresco y claro, asumimos que fue más reciente. Sin embargo, los resultados de este estudio sugieren que las cosas que recordamos bien, precisamente porque se repitieron, podrían parecer más antiguas en nuestra memoria.

Los investigadores se inspiraron en experiencias cotidianas. «Todos sabemos lo que es ser bombardeado con el mismo titular día tras día. Nos preguntábamos si esta constante repetición de información distorsionaba nuestras cronologías mentales», afirmó el autor del estudio, Sami Yousif, quien será profesor adjunto en la Universidad Estatal de Ohio a partir del 1 de agosto.

Incluso si ese titular apareció por primera vez hace apenas unos días, podría empezar a parecer que ocurrió hace semanas simplemente por la frecuencia con la que se ha repetido. Esta intuición llevó a los investigadores a preguntarse si la repetición en sí misma podría distorsionar la antigüedad con la que creemos que ocurrió algo.

Para explorar esta idea, Yousif y su coautora, Brynn E. Sherman, realizaron una serie de experimentos con imágenes de objetos y tareas de memoria en línea. En el primer experimento, 50 participantes visualizaron una secuencia de imágenes de objetos cotidianos, como una grapadora o una regadera. Algunas imágenes se mostraron solo una vez, mientras que otras se repitieron a lo largo de cinco bloques de ensayos. Tras visualizar la secuencia, se les mostraron las mismas imágenes de nuevo y se les pidió que indicaran en qué momento del experimento las habían visto por primera vez. Para ello, movieron un marcador a lo largo de una línea de tiempo visual.

El diseño clave del experimento permitió una comparación directa: cada imagen repetida se emparejó con una imagen no repetida que se había mostrado justo antes en la secuencia original. Esto significó que ambas imágenes se vieron originalmente casi al mismo tiempo. Sin embargo, a pesar de esto, los participantes recordaron consistentemente las imágenes repetidas como si hubieran ocurrido antes. Esta ilusión se mantuvo fuerte incluso cuando los participantes reconocieron correctamente las imágenes, lo que sugiere que la precisión de la memoria para los elementos en sí no era la causa del efecto.

Los investigadores también descubrieron que cuantas más veces se repetía una imagen, más intensa se volvía la ilusión. Las imágenes mostradas cinco veces se recordaban como ocurridas incluso antes que las mostradas solo dos o tres veces. Este patrón persistió en los siete conjuntos de condiciones de imagen.

«Nos sorprendió la intensidad de los efectos», declaró Yousif. «Intuíamos que la repetición podría distorsionar la memoria temporal, pero no esperábamos que estas distorsiones fueran tan significativas».

Para comprobar si esta ilusión se debía a estrategias de memoria o atajos (como que los participantes asumieran que cualquier repetición debía haber ocurrido antes), los investigadores realizaron una versión de seguimiento del experimento con preguntas adicionales. Se pidió a los participantes que describieran sus estrategias y estimaran con qué frecuencia recurrían a la repetición al ubicar imágenes en el tiempo. Aunque algunos participantes informaron haber usado dichas estrategias, estas respuestas no predijeron la intensidad de la ilusión. Esto significa que el efecto probablemente no fue resultado de un razonamiento deliberado, sino de algo más profundo en la interacción entre la memoria y la percepción del tiempo.

Otro experimento descartó la posibilidad de que las pausas entre bloques de imágenes, que podrían indicar cambios en el contexto o el tiempo, fueran responsables del efecto. Cuando los participantes vieron el mismo tipo de imágenes repetidas sin interrupciones entre bloques, la ilusión se mantuvo igual de intensa.

Un tercer experimento evaluó si la ilusión persistía si se les informaba con antelación que se les pediría que calcularan el momento de la primera aparición de cada imagen. Incluso cuando se les advirtió explícitamente que se concentraran en el momento en que veían una imagen por primera vez, la repetición les hacía calcular mal el momento de esa primera exposición.

En un cuarto experimento, los investigadores pidieron a los participantes que indicaran durante la fase de visualización si cada imagen era «nueva» o «antigua» cada vez que aparecía. Esto permitió al equipo rastrear qué repeticiones recordaban realmente los participantes. Una vez más, la ilusión se mantuvo: cuantas más veces recordaban haber visto una imagen, más probable era que situaran su primera aparición en un momento anterior. Un análisis estadístico demostró que lo más importante no era solo el número de veces que se mostraba una imagen, sino el número de veces que se recordaba.

Para reforzar sus resultados, los investigadores cambiaron el formato en un quinto experimento. En lugar de usar una línea de tiempo, mostraron a los participantes dos imágenes (una repetida y otra no) y les preguntaron cuál vieron primero. Aunque la imagen no repetida siempre había aparecido primero, los participantes eligieron la imagen repetida como la primera en casi el 80 % de las ocasiones.

Finalmente, en un sexto experimento, el equipo evaluó si este efecto se mantenía durante un período más largo. Los participantes visualizaron secuencias de imágenes durante cinco días y regresaron tres días después para completar la prueba de memoria. Incluso con este lapso de tiempo extendido, los participantes continuaron recordando las imágenes repetidas como si hubieran ocurrido antes. Este hallazgo sugiere que la ilusión no es solo una peculiaridad pasajera, sino una característica duradera de la memoria que puede influir en cómo recordamos eventos a lo largo de días o incluso semanas.

Esta nueva investigación arroja luz sobre un fenómeno desconcertante: nuestra percepción del tiempo no siempre coincide con el calendario. La sensación de que algo ocurrió hace siglos puede no ser un indicador fiable de cuándo realmente ocurrió, especialmente si se repitió muchas veces. El estudio también destaca una laguna en las teorías actuales sobre la memoria. Muchos modelos psicológicos asumen que los recuerdos más intensos se perciben como más recientes, pero estos resultados demuestran lo contrario.

“La gente debería sacar dos conclusiones: (1) La percepción del tiempo es ilusoria. Es decir, nuestra percepción de cuándo ocurrieron las cosas se distorsiona sistemáticamente de maneras predecibles. (2) Estas distorsiones pueden ser sustanciales, incluso si sus causas son simples (es decir, la mera repetición de información)”, dijo Yousif.

Según los investigadores, existen varias razones posibles para esta ilusión. Una idea es que, cuando un elemento se repite, las presentaciones posteriores pueden «recordarnos» las anteriores, reforzando eficazmente el recuerdo de la primera aparición y fijándolo más profundamente. Con el tiempo, esto podría hacer que el evento inicial parezca ocurrido en un pasado más lejano. Otra idea es que nuestra sensación de cuándo ocurrió algo no se almacena directamente en la memoria, sino que se reconstruye mediante señales como la repetición. En ese caso, la repetición podría engañarnos haciéndonos creer que un evento ocurrió hace más tiempo del que realmente ocurrió.

Como ocurre con toda investigación, existen algunas limitaciones. Todos los participantes eran adultos angloparlantes residentes en Estados Unidos, por lo que los resultados podrían no ser aplicables a todas las culturas o grupos de edad. Y aunque los experimentos se diseñaron para imitar experiencias de memoria del mundo real, se llevaron a cabo en un entorno digital controlado utilizando imágenes de objetos, no eventos complejos o con gran carga emocional.

Aun así, los investigadores enfatizaron la consistencia de los hallazgos en diferentes diseños experimentales. «Probamos el fenómeno de diversas maneras, y fue increíblemente robusto en todos los casos», dijo Yousif. «Nos parece un efecto particularmente fuerte».

Los investigadores esperan que trabajos futuros exploren cómo esta ilusión afecta a diferentes tipos de recuerdos —como eventos emocionales, interacciones sociales o noticias— y cómo podría influir en la toma de decisiones, la planificación e incluso la opinión pública. También sugieren estudiar si el efecto opera de manera diferente en niños, adultos mayores o personas con problemas de memoria.

“Seguimos interesados ​​en la percepción del tiempo a escala de la experiencia ordinaria. En otras palabras, queremos saber qué otros factores influyen en cómo nuestras líneas de tiempo mentales se configuran a partir de nuestra experiencia”, concluyó Yousif..

Fuente: Psychological Science

Articulo original

Título: An Illusion of Time Caused by Repeated Experience-

Autores: Brynn E. Sherman y Sami R. Yousif

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