Una encuesta de Pew Research reveló que casi la mitad de los estadounidenses perciben que la grosería va en aumento, y un tercio dice presenciarla con frecuencia en público. Ejemplos de conductas consideradas groseras incluyen hablar con palabrotas, poner música alta, fumar en lugares inadecuados, tomar fotos sin permiso o llevar niños a sitios para adultos.
La psicología muestra que la grosería puede deberse tanto a la personalidad (como baja amabilidad) como a factores situacionales. Un estudio reciente de la Universidad de Lancaster propone el Principio de Reciprocidad de la Descortesía (PIR): cuando alguien es grosero, la respuesta suele ser otra grosería, generando un ciclo de “ojo por ojo” que rara vez se detiene.
El estudio comparó interacciones en línea y cara a cara. Sorprendentemente, los resultados indicaron que la grosería no es necesariamente mayor en internet. En redes y foros, aunque hay insultos y sarcasmo, otros usuarios o moderadores suelen intervenir para frenar los excesos. En cambio, en interacciones presenciales, los enfrentamientos tienden a escalar poco a poco hasta convertirse en peleas verbales abiertas.
Las diferencias clave son:
En línea: la descortesía surge en estallidos rápidos, con más sarcasmo por el tiempo que se tiene para responder.
En persona: la tensión crece gradualmente y termina en conflictos más prolongados e intensos.
¿Significa esto que la gente es hoy más grosera? No necesariamente. La mayoría aún coincide en lo que es un comportamiento inadecuado. Lo que cambia es la visibilidad: redes sociales, medios y política amplifican los casos de grosería, lo que puede dar la impresión de que todo está empeorando.
En realidad, personas groseras siempre han existido. Estudios anteriores muestran que suelen ser individuos impulsivos, narcisistas o con baja tolerancia a la crítica. Hoy, simplemente, sus actos reciben más atención mediática y se convierten en tema de conversación y “clickbait”.
La enseñanza es clara: aunque no podamos evitar toparnos con la grosería, sí podemos decidir no entrar en ese ciclo. Responder con cortesía es una forma de romper la cadena y crear interacciones más respetuosas y satisfactorias en nuestra vida cotidiana.
Referencias:
Título: Is the World Becoming a Ruder Place?
Autores: Susan Krauss Whitbourne
Publicado en: Psychology Today
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