Un nuevo estudio de la Escuela de Negocios de Columbia y publicado en el Journal of Personality and Social Psychology, revela por qué algunas personas admiran a líderes severos mientras que otras los rechazan. La clave está en la visión personal del mundo.
Quienes perciben la vida como una “jungla competitiva” tienden a valorar positivamente a los líderes duros, críticos o incluso agresivos. Para ellos, la firmeza y el antagonismo son señales de competencia y eficacia. En contraste, quienes ven el mundo como un espacio cooperativo suelen considerar que esos mismos comportamientos son dañinos e ineficaces, y prefieren líderes empáticos y cercanos.
Los investigadores Christine Nguyen y Daniel Ames llevaron a cabo siete estudios con más de 2.000 participantes. Usaron encuestas, experimentos con escenarios laborales y reflexiones sobre experiencias personales con jefes reales. Los resultados fueron consistentes: la forma en que evaluamos a un líder depende menos del líder en sí y más de los “lentes” con que miramos la vida social.
En algunos experimentos, bastaba recordar una experiencia competitiva para que los participantes vieran más útiles los comportamientos agresivos. En otros, se analizó la reacción ante mensajes severos de gerentes reales, y nuevamente la visión del mundo marcó la diferencia. Incluso en recuerdos de jefes pasados, las personas con mentalidad competitiva afirmaban sentirse más cómodas con líderes estrictos y menos atraídas por los cálidos y colaborativos.
El estudio sugiere que con el tiempo se genera un efecto de selección natural: los empleados con una visión competitiva permanecen con jefes duros, mientras que los más cooperativos buscan entornos con líderes empáticos. Esto podría explicar por qué estilos de liderazgo antagónicos persisten en algunas organizaciones, a pesar de ser percibidos como negativos por la mayoría.
Los autores aclaran que sus hallazgos no significan que ser severo garantice un liderazgo eficaz. Más bien, explican por qué algunas personas interpretan ese estilo como valioso y otras como un fracaso. En palabras de los investigadores: “El liderazgo no se evalúa de forma aislada, sino a través de la perspectiva de cada persona sobre cómo funciona el mundo”.
En definitiva, esta investigación invita a reflexionar:
- ¿Por qué admiramos o rechazamos a ciertos líderes?
- ¿Qué dice nuestra visión del mundo sobre cómo evaluamos la autoridad?
- ¿Y cómo nos ven a nosotros quienes lideramos?
Comprender estas diferencias puede ayudar a mejorar las relaciones laborales, construir culturas organizacionales más sanas y cuestionar nuestras propias creencias sobre lo que significa ser un buen líder.
Referencias:
Título: Savvy or Savage? How Worldviews Shape Appraisals of Antagonistic Leaders.
Autores: Christine Nguyen y Daniel Ames
Publicado en: Journal of Personality and Social Psychology
Escucha este artículo en audio a continuación:
