Una nueva revisión científica cuestiona la idea popular de que las personas altamente inteligentes son naturalmente más sensibles o empáticas. El análisis muestra que, en realidad, suelen usar un tipo de empatía más racional que emocional.
Los investigadores revisaron numerosos estudios para entender mejor cómo se relaciona la alta inteligencia con las habilidades sociales y emocionales. Encontraron que estas personas no experimentan necesariamente una mayor empatía emocional, es decir, esa reacción automática de sentir lo que otros sienten. No se conmueven ni se contagian de emociones con más intensidad que la mayoría.
Sin embargo, destacan en empatía cognitiva: la capacidad de comprender qué piensan o sienten los demás. Gracias a su razonamiento avanzado, atención al detalle y rapidez mental, pueden captar señales sutiles como microexpresiones o cambios de tono y analizar situaciones sociales con precisión. Su cerebro procesa la información emocional de manera eficiente, pero sin una reacción visceral intensa.
La revisión también subraya que las personas de alta inteligencia suelen regular muy bien sus emociones. Tienden a mantener la calma en situaciones tensas porque inhiben sus reacciones automáticas para pensar con claridad. Esto crea un estilo de empatía más analítico: entienden perfectamente lo que pasa, pero pueden parecer fríos o distantes.
En cuanto a la motivación para ayudar, muchas veces actúan movidos por un fuerte sentido de justicia y razonamiento moral, más que por una conexión emocional directa con alguien en particular.
Los autores explican que este patrón puede formarse desde la infancia, cuando el desarrollo cognitivo avanza más rápido que el emocional. Para manejar emociones intensas, algunos niños muy inteligentes aprenden a “intelectualizarlas”, estrategia que persiste en la vida adulta.
El estudio también aclara que este perfil no es igual al que se ve en el autismo. Las personas altamente inteligentes sí entienden bien las señales sociales; lo que ocurre es que controlan tanto su respuesta emocional que pueden parecer poco expresivas.
Finalmente, los investigadores destacan que no todas las personas con alto potencial intelectual son iguales y que se necesita más investigación en contextos reales, no solo en pruebas de laboratorio, para comprender mejor cómo funciona su empatía en la vida cotidiana.
Referencias:
Título: Empathy in subjects with high intellectual potential (HIP): Rethinking stereotypes through a multidimensional and developmental review.
Autores: Nathalie Lavenne-Collot, Pascale Planche y Laurence Vaivre-Doure.
Publicado en: Intelligence.
Escucha este artículo en audio a continuación:
