Aprender es una tarea de toda la vida: desde la escuela hasta el trabajo o una nueva afición, siempre estamos incorporando conocimientos y habilidades. Para hacerlo bien, necesitamos una habilidad clave: saber si realmente hemos aprendido algo o no. A esto se le llama metacognición, la capacidad de reflexionar sobre nuestro propio aprendizaje.
Durante años, los psicólogos pensaron que los mejores estudiantes eran quienes tenían una metacognición más precisa: sabían con claridad qué recordaban y qué no. Para estudiarlo, se usan los llamados juicios de aprendizaje: después de estudiar un tema, los participantes indican si creen que podrán recordarlo más adelante, y luego se mide si realmente lo hacen.
Un artículo reciente publicado en Psychological Science (2025) reanalizó diversos estudios y halló un resultado inesperado: los estudiantes con mejor rendimiento no siempre son los más precisos al juzgar lo aprendido. Incluso, mostraron una relación negativa entre lo que creían recordar y lo que realmente recordaban.
¿Cómo se explica esto? Los investigadores, liderados por Mengqi Hu, hicieron pruebas con estudiantes que aprendían vocabulario nuevo (palabras en suajili emparejadas con su idioma natal). Encontraron que los buenos estudiantes tienen un patrón peculiar:
- Cuando creen que aprendieron algo, suelen tener razón.
- Pero cuando creen que no lo aprendieron, también suelen equivocarse.
En otras palabras, si un buen estudiante dice: “sí, me lo sé”, es muy probable que lo recuerde después. Pero si dice: “no lo aprendí”, a menudo resulta que en realidad sí lo había aprendido.
Este “pesimismo” tiene un efecto positivo: los estudiantes de alto rendimiento tienden a subestimar lo que saben, lo que los lleva a repasar más y reforzar conocimientos que ya estaban cerca de dominar. Gracias a esto, optimizan su tiempo de estudio y logran consolidar mejor lo aprendido. Por el contrario, los estudiantes con bajo rendimiento no identifican tan bien estos momentos y pueden gastar esfuerzos en repasar lo equivocado.
El hallazgo abre nuevas preguntas: ¿podría entrenarse esta forma de “pesimismo útil” para que más personas mejoren su manera de aprender? Comprender cómo los mejores estudiantes evalúan su propio conocimiento puede ayudar a diseñar mejores métodos de enseñanza y estrategias de estudio para todos.
Referencias:
Título: Can Good Learners Judge How Well They Learned?.
Autor: Art Markman.
Publicado en: Psychology Today.
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