Un nuevo estudio realizado en Noruega sugiere que un programa educativo breve puede ayudar a los adolescentes varones a desarrollar más coraje, un rasgo vinculado al éxito y al bienestar. Los investigadores descubrieron que una intervención breve centrada en fomentar la confianza en las propias capacidades condujo a un notable aumento del coraje entre los estudiantes varones. Este hallazgo, publicado en Frontiers in Education, ofrece una forma prometedora y sencilla de ayudar a los chicos a desarrollar la fortaleza mental necesaria para superar los desafíos y alcanzar sus metas.
Los investigadores se embarcaron en este estudio porque estaban preocupados por la salud mental y la motivación de los jóvenes en Noruega. Si bien los adolescentes noruegos generalmente informan de una buena calidad de vida, las tendencias recientes indican un preocupante deterioro de su bienestar mental. Los estudios han demostrado un aumento de los sentimientos de soledad, estrés y malestar psicológico entre los adolescentes. Además, la motivación en la escuela tiende a disminuir a medida que los estudiantes crecen, alcanzando su punto más bajo alrededor de los 15 años.
El gobierno noruego, al reconocer estos problemas y comprender que las escuelas pueden desempeñar un papel en la promoción de la salud mental, ha hecho hincapié en el bienestar mental en el plan de estudios escolar nacional. Sin embargo, el plan de estudios carecía de orientación específica sobre cómo incorporar eficazmente temas de salud mental en el trabajo escolar cotidiano. Esta brecha entre la política y la implementación práctica llevó a los investigadores a investigar si se podían desarrollar programas específicos para impulsar la motivación y el bienestar general en las escuelas.
Para explorar esto, los investigadores diseñaron un estudio para probar un nuevo programa destinado a aumentar lo que denominaron creencias “YO PUEDO” («I CAN»), que son esencialmente creencias en las propias capacidades. Reclutaron a 421 estudiantes de alrededor de 15 años de 38 escuelas de toda Noruega. Estas escuelas ya participaban en un programa llamado MOT, una organización de desarrollo juvenil enfocada en desarrollar resiliencia en los jóvenes. Los estudiantes fueron divididos aleatoriamente en dos grupos: un grupo experimental y un grupo de control. Ambos grupos participaron en un programa de intervención que era nuevo para ellos. El grupo experimental recibió la intervención “YO PUEDO”, mientras que el grupo de control participó en un programa que se centró en aprender sobre diferentes partes del cerebro.
Antes de que comenzaran las intervenciones, todos los estudiantes completaron cuestionarios para evaluar sus niveles de determinación y mentalidad de crecimiento. La determinación se midió utilizando un cuestionario que evalúa la perseverancia y la pasión por los objetivos a largo plazo. La mentalidad de crecimiento, la creencia de que las habilidades se pueden desarrollar a través del esfuerzo y el aprendizaje, se midió utilizando un cuestionario separado desarrollado por los investigadores. Después de esta evaluación inicial, 256 estudiantes del grupo experimental participaron en la intervención “YO PUEDO”, y 165 estudiantes del grupo de control participaron en la intervención centrada en el cerebro. Ambas intervenciones fueron breves y consistieron en dos sesiones de 45 minutos.
La intervención “YO PUEDO” fue diseñada para activar un “interruptor” mental en los estudiantes, alentándolos a desarrollar creencias más fuertes en sus habilidades. Se basó en la idea de que las creencias se pueden cambiar con relativa rapidez, a diferencia de las habilidades que a menudo requieren una práctica prolongada. La intervención incorporó varios elementos clave. Incluyó información sobre cómo se desarrolla y cambia el cerebro, enfatizando que el cerebro es maleable y puede moldearse a través del aprendizaje y las experiencias. Subrayó la importancia del esfuerzo y la repetición para construir conexiones fuertes en el cerebro, promoviendo la idea de que la perseverancia es clave para la mejora. La intervención también destacó el concepto de práctica deliberada, que implica un esfuerzo concentrado y sostenido para mejorar en un área específica.
Para que estos conceptos fueran más comprensibles, la intervención utilizó ejemplos e historias, incluida la historia de un snowboarder noruego que logró el éxito a pesar de tener problemas de salud importantes. Se utilizaron metáforas, como “subir tu propia escalera”, para ilustrar el crecimiento personal y la idea de que todos pueden mejorar, incluso si comienzan en diferentes puntos. Se incorporaron actividades breves y atractivas para mantener la atención de los estudiantes durante las sesiones. Un componente central de la intervención “YO PUEDO” incluía tres mensajes clave: “Puedes lograr más de lo que crees si inviertes suficiente esfuerzo”, “Cuando te enfrentas a desafíos, puedes superarlos si te lo propones” y “La confianza en uno mismo y un enfoque positivo son claves para el éxito”. Al final de la intervención, se pidió a los estudiantes que escribieran una nota personal de recordatorio de lo que habían aprendido, para llevársela a casa.
La intervención de control, titulada “Nuestro cerebro”, proporcionó a los estudiantes información básica sobre el cerebro. Abarcó temas como el desarrollo evolutivo del cerebro, la estructura y función de las neuronas (células cerebrales) y los diferentes lóbulos o secciones del cerebro y sus funciones generales. También explicó brevemente el cerebelo y el tronco encefálico, y cómo las diferentes partes del cerebro trabajan juntas. Es importante destacar que esta intervención de control fue diseñada para ser puramente informativa, sin ningún mensaje motivador o alentador.
Después de las intervenciones, entre ocho y nueve semanas después, los estudiantes volvieron a completar los cuestionarios sobre perseverancia y mentalidad de crecimiento. Luego, los investigadores analizaron los datos para ver si había cambios en las puntuaciones de perseverancia y mentalidad de crecimiento entre la prueba previa y la prueba posterior, y si había diferencias entre los grupos experimental y de control.
El análisis de los resultados mostró que, en general, no hubo diferencias significativas entre los grupos experimental y de control en sus puntuaciones de tenacidad o mentalidad de crecimiento después de las intervenciones. Sin embargo, cuando los investigadores analizaron más de cerca al grupo experimental, encontraron un aumento marginalmente significativo en la tenacidad para el grupo en su conjunto. Más notablemente, descubrieron un aumento estadísticamente significativo en la tenacidad específicamente entre los estudiantes varones del grupo experimental.
Esto significó que los estudiantes varones que participaron en la intervención “YO PUEDO” mostraron una mejora real y medible en sus puntuaciones de perseverancia en comparación con sus puntuaciones antes de la intervención. Por el contrario, el grupo de control no mostró cambios significativos en la perseverancia o la mentalidad de crecimiento.
Los investigadores concluyeron que su breve intervención “YO PUEDO” parecía ser eficaz para aumentar la determinación, en particular en los adolescentes varones. Sugirieron que la intervención podría haber “activado el interruptor” con éxito en estos chicos, fortaleciendo sus creencias en su capacidad de perseverar. El hecho de que la intervención pareciera tener un efecto más fuerte en los chicos podría estar relacionado con las diferencias de género en el rendimiento académico y los intereses.
En Noruega, los niños suelen enfrentarse a más retos académicos en la escuela que las niñas y pueden tener un mayor potencial de mejora en áreas como la determinación. Además, los ejemplos utilizados en la intervención, algunos de los cuales estaban relacionados con los deportes de élite, podrían haber tenido más repercusión en los niños, lo que podría haber influido en sus niveles de determinación de forma más eficaz.
Los investigadores reconocieron algunas limitaciones de su estudio. La evaluación de seguimiento se realizó solo ocho o nueve semanas después de la intervención, por lo que aún se desconocen los efectos a largo plazo del programa. También señalaron que no podían estar completamente seguros de que todos los maestros aplicaran las intervenciones exactamente como se había planeado, lo que podría haber afectado a los resultados. Además, sugirieron que la intervención de control, que se centró en la información cerebral, podría no haber sido la comparación ideal.
Para futuras investigaciones, el equipo planea realizar un estudio más amplio con adolescentes mayores, de 16 a 19 años, que involucre a un mayor número de participantes tanto en el grupo experimental como en el de control. También pretenden investigar por qué la intervención “YO PUEDO” pareció ser más eficaz para los chicos y explorar formas de adaptar mejores programas similares para beneficiar también a las chicas. Se necesitan estudios de seguimiento a más largo plazo para determinar si los efectos positivos sobre la determinación se mantienen en el tiempo. A pesar de estas limitaciones, este estudio ofrece evidencia alentadora de que una intervención simple y breve puede marcar una diferencia positiva en el desarrollo de la determinación, especialmente en los adolescentes varones, contribuyendo potencialmente a su éxito y bienestar futuros.
Fuente: Frontiers in Education
Articulo original:
Título: I CAN intervention to increase grit and growth mindset: exploring the intervention for 15-year-olds Norwegian adolescents.
Autores: Hermundur Sigmundsson, Håvard Hauge, Jonas S. R. Leversen y Monika Haga
