Más sal, ¿más riesgo de depresión?

Más sal, ¿más riesgo de depresión?

Un estudio reciente publicado en la revista Nutritional Neuroscience sugiere que añadir sal extra a los alimentos de forma habitual podría estar relacionado con un mayor riesgo de depresión. La investigación encontró que quienes usan el salero con frecuencia presentan más síntomas depresivos y una mayor probabilidad de desarrollar trastorno depresivo mayor.

La depresión es un problema de salud pública importante que afecta el estado de ánimo, el interés por las actividades diarias y la calidad de vida. Por ello, los científicos buscan identificar hábitos cotidianos que influyan en la salud mental, incluida la alimentación. Aunque se sabe que las dietas saludables protegen el bienestar emocional, el acto específico de añadir sal en la mesa había sido poco estudiado.

Para analizar esta relación, los investigadores evaluaron datos de más de 15 mil adultos estadounidenses que informaron con qué frecuencia añadían sal a sus comidas. También completaron un cuestionario que mide síntomas de depresión. Los resultados mostraron que quienes añadían sal con mayor frecuencia tenían puntuaciones más altas de depresión, incluso al considerar factores como edad, ingresos, enfermedades crónicas o tabaquismo.

Para profundizar, el equipo utilizó una técnica genética llamada aleatorización mendeliana, que permite estudiar si una característica biológica influye realmente en una enfermedad. Analizaron datos del Biobanco del Reino Unido y encontraron que las personas con predisposición genética a preferir alimentos salados tenían un 11 % más de riesgo de síntomas depresivos y un 28 % más de riesgo de depresión mayor. Esto sugiere que el consumo elevado de sal podría tener efectos biológicos directos en el cerebro.

Los científicos proponen varias explicaciones. El exceso de sodio podría alterar el sistema que regula la respuesta al estrés, aumentando hormonas como el cortisol, asociadas con la depresión. También podría favorecer la inflamación y el daño celular en zonas del cerebro vinculadas con la regulación emocional. Además, los estados de ánimo negativos pueden impulsar hábitos alimentarios poco saludables, creando un círculo vicioso entre alimentación y bienestar mental.

No obstante, el estudio tiene limitaciones: se basó en datos autodeclarados y no midió con exactitud la cantidad total de sal consumida. Además, la muestra principal provenía de Estados Unidos, por lo que los resultados deben confirmarse en otras poblaciones.

En conclusión, la investigación sugiere que reducir la sal añadida en la mesa podría ser una medida sencilla para favorecer la salud mental. Aunque se necesitan más estudios para confirmar la relación causal, moderar el consumo de sodio parece una recomendación prudente tanto para el corazón como para el estado de ánimo.

Referencias:           

Título: Linking salt consumption to depression: triangulating evidence from Mendelian randomization and observational studies.

Autores: Ming Chen, Qiang Li, Yihui Liu, Linyan Fu, Cai-Lan Hou y Hao-Zhang Huang.

Publicado en: Nutritional Neuroscience.

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