Un nuevo estudio publicado en Physiology & Behavior ha descubierto que los niños experimentan mayores mejoras en la atención, la memoria y la velocidad de pensamiento después de la actividad física cuando esta se realiza al aire libre que en interiores. Los hallazgos sugieren que combinar el ejercicio con el tiempo en la naturaleza puede ofrecer beneficios únicos para la función cerebral, beneficios que ni el ejercicio ni la exposición al aire libre por sí solos pueden explicar por completo.
La investigación se realizó para explorar si el entorno en el que los niños realizan actividad física afecta la mejora posterior de su función cognitiva. Los científicos ya saben que la actividad física y el tiempo pasado en entornos naturales favorecen la salud cognitiva. Lo que aún se desconocía era si estos dos factores, al combinarse, podrían amplificar sus efectos.
Estudios previos solían analizar el ejercicio o el tiempo al aire libre de forma aislada, o presentaban limitaciones metodológicas, como basarse en sesiones cortas de ejercicio, pruebas cognitivas limitadas o tipos de actividad desequilibrados. El presente estudio se propuso abordar estas deficiencias comparando directamente los efectos de sesiones idénticas de actividad física, tanto en interiores como al aire libre, sobre el rendimiento cognitivo de los niños.
El equipo de investigación de la Universidad de Nottingham Trent reclutó a 45 niños de entre 11 y 13 años de dos escuelas secundarias del Reino Unido. Cada participante participó en dos sesiones de actividad física: una en interiores y otra al aire libre, con un orden aleatorio. Las sesiones se realizaron con al menos una semana de diferencia. Ambas sesiones siguieron la misma rutina de baloncesto, incluyendo calentamientos, ejercicios, partidas cortas y vueltas a la calma. Todo se adaptó a los dos entornos, desde el tamaño del grupo y las dimensiones de la cancha hasta el equipo y el instructor, garantizando que la única diferencia significativa fuera el propio entorno.
Antes de cada sesión, inmediatamente después y 45 minutos después, los niños completaron una serie de pruebas computarizadas que medían diferentes aspectos de la función cognitiva. Estas incluían la prueba de Stroop (que evaluaba el control inhibitorio), el paradigma de Sternberg (que medía la memoria de trabajo) y la tarea de Flanker (que evaluaba la atención). Los investigadores también midieron los niveles de actividad física de los niños durante cada sesión mediante monitores de frecuencia cardíaca y rastreadores GPS, y evaluaron su disfrute de cada sesión mediante un cuestionario estándar.
Los resultados mostraron que realizar actividad física al aire libre produjo mejoras más sustanciales en varias áreas cognitivas en comparación con realizar la misma actividad en interiores. Por ejemplo, en el nivel complejo de la prueba de Stroop, los niños mejoraron sus tiempos de reacción más después de la actividad al aire libre que en interiores 45 minutos después (94 milisegundos más rápido frente a 20 milisegundos más rápido). La precisión en esta misma tarea también aumentó más al aire libre que en interiores.
Se observaron patrones similares en la prueba de memoria de trabajo: tanto en la versión de uno como en la de tres ítems del paradigma de Sternberg, los niños respondieron más rápido después de la sesión al aire libre que después de la sesión en interiores. En cuanto a la atención, medida mediante la tarea Flanker, los tiempos de reacción mejoraron más en el entorno exterior en los ensayos congruentes, y la precisión se mantuvo estable en exteriores, pero disminuyó en interiores en los ensayos incongruentes más difíciles.
Cabe destacar que la mejora del rendimiento cognitivo tras la actividad al aire libre se produjo a pesar de que los niños recorrieron menos terreno y realizaron menos sprints en comparación con las sesiones en interiores. Sin embargo, su frecuencia cardíaca promedio fue más alta al aire libre, lo que sugiere que el entorno al aire libre podría haber fomentado naturalmente un esfuerzo más intenso. Aun así, el esfuerzo físico por sí solo no explicó completamente los beneficios cognitivos, ya que los niños reportaron niveles similares de disfrute y no mostraron grandes diferencias de humor entre las sesiones.
Estos hallazgos se suman a un creciente número de investigaciones que sugieren que la exposición a entornos naturales puede ayudar a restaurar la energía mental y mejorar el funcionamiento cerebral. Una explicación para esto se conoce como la Teoría de la Restauración de la Atención, que propone que los entornos naturales estimulan el cerebro de forma suave y sin exigencias, brindándole la oportunidad de recuperarse de la fatiga mental.
Otra posibilidad es que estar en contacto con la naturaleza reduzca el estrés y mejore el bienestar emocional, lo que indirectamente podría contribuir a un mejor rendimiento cognitivo. Sin embargo, en este estudio, los niños reportaron niveles de disfrute iguales en ambas sesiones, lo que sugiere que es poco probable que los efectos del estado de ánimo por sí solos expliquen las diferencias cognitivas.
Este estudio fue metodológicamente sólido en varios aspectos. Los investigadores utilizaron un diseño cruzado con contrapeso, lo que significa que cada niño sirvió como su propia comparación, reduciendo la influencia de las diferencias individuales. Todas las sesiones de actividad física fueron estandarizadas y se recopilaron medidas objetivas de esfuerzo y movimiento. Los investigadores también evaluaron la función cognitiva en múltiples momentos, lo que ofreció información sobre los efectos inmediatos y a corto plazo.
Sin embargo, el estudio presentó algunas limitaciones. Se realizó solo en dos escuelas rurales, ambas con acceso a espacios verdes al aire libre. Los resultados podrían ser diferentes en entornos urbanos con menos vegetación o más distracciones. El estudio también se centró en un rango de edad reducido, lo que significa que los hallazgos podrían no aplicarse por igual a niños pequeños o adolescentes mayores. Además, aunque el esfuerzo físico se midió objetivamente, el estudio no evaluó la percepción subjetiva de los niños sobre su esfuerzo, lo que podría aportar mayor comprensión en futuras investigaciones.
Los autores sugieren que estudios futuros podrían explorar cómo el tipo de entorno al aire libre, como un parque, una zona boscosa o un parque infantil urbano, afecta los resultados. También recomiendan considerar a adolescentes mayores, especialmente a aquellos con alta presión académica, ya que podrían beneficiarse aún más de los efectos restauradores de la actividad física al aire libre. Incorporar medidas de esfuerzo percibido junto con el disfrute y el rendimiento físico objetivo también podría ayudar a desentrañar cómo interactúan los diferentes factores para influir en el rendimiento cognitivo.
Fuente: Physiology & Behavior
Articulo original:
Título: Outdoor physical activity is more beneficial than indoor physical activity for cognition in young people.
Autores: Grace Walters, Karah J. Dring, Ryan A. Williams, Robert Needham y Simon B. Cooper.
