En un giro sorprendente a la sabiduría convencional, una nueva investigación publicada en Self & Identity descubre que, si bien a la mayoría de las personas no les gusta que hablen de ellos, ciertos individuos (en particular los hombres y aquellos con rasgos narcisistas) en realidad aceptan con agrado convertirse en el tema de conversación de los demás, incluso cuando los chismes son negativos.
El chisme ha tenido tradicionalmente connotaciones negativas, pero cada vez hay más investigaciones que cumplen importantes funciones sociales, como reforzar las normas grupales y crear vínculos comunitarios.
Aunque estudios anteriores se habían centrado principalmente en aquellos que difunden chismes, los investigadores Andrew H. Hales y sus colegas adoptaron un enfoque diferente al examinar cómo se sienten las personas al ser el blanco de las conversaciones de los demás.
Los investigadores exploraron una pregunta interesante: ¿podría ser que el hecho de que se hable de ellos —incluso de manera negativa— sea una señal de relevancia social que algunas personas preferirían antes que ser ignoradas por completo?
El equipo realizó cinco estudios que combinaron muestras representativas a nivel nacional con estudiantes universitarios. Los estudios presentaron a los participantes escenarios hipotéticos en los que eran objeto de chismes positivos, negativos, ambiguos (cuya naturaleza no estaba clara) o en los que no se les mencionaba en absoluto. Los participantes indicaron sus preferencias en una escala que iba desde una fuerte oposición hasta una fuerte preferencia por ser mencionados en lugar de ser ignorados.
Los tres primeros estudios establecieron patrones generales en las actitudes hacia el chisme, a la vez que identificaron diferencias basadas en datos demográficos y rasgos de personalidad. El Estudio 1 utilizó una muestra en línea representativa a nivel nacional, con participantes asignados aleatoriamente a una de las cuatro condiciones de chisme. El Estudio 2 amplió este estudio con un diseño intrasujeto, donde los participantes calificaron los cuatro escenarios, lo que permitió la comparación directa de las respuestas. El Estudio 3 modificó el contexto, pasando de lo puramente social al laboral, para evaluar si los entornos profesionales alteraban las preferencias.
Los estudios 4 y 5 examinaron si las personas perciben con precisión la receptividad de los demás al chisme, y los participantes estimaron cuánto querrían ser comentados. El estudio 5 también incorporó una manipulación experimental en la que los participantes experimentaron inclusión o exclusión social en un juego de lanzamiento de pelota en línea antes de completar los escenarios de chisme, para comprobar si el ostracismo momentáneo aumentaba la predisposición a ser objeto de conversación.
Los resultados mostraron consistentemente que la mayoría de las personas preferían no ser objeto de chismes, especialmente los negativos. Sin embargo, se observaron variaciones significativas en los cinco estudios. La investigación reveló que el 64 % de los participantes prefería los chismes positivos a no ser mencionado en absoluto. Sorprendentemente, el 36 % prefería no ser mencionado en las conversaciones, incluso si los chismes eran positivos. Un notable 15 % afirmó preferir los chismes negativos a ser ignorado por completo.
Las características individuales influyeron considerablemente en estas preferencias. Los hombres se mostraron sistemáticamente más receptivos a los chismes que las mujeres, sobre todo cuando estos eran ambiguos o negativos. Los participantes más jóvenes acogieron los chismes positivos con mayor facilidad que las personas mayores. Las personas con rasgos narcisistas mostraron una preferencia significativamente mayor por ser objeto de conversación, incluso negativa. Quienes experimentaban exclusión social crónica mostraron mayor predisposición a ser objeto de chismes en general, aunque, paradójicamente, deseaban menos los chismes positivos.
Los estudios 4 y 5 revelaron que los participantes tendían a sobreestimar el deseo de los demás de recibir chismes positivos, mientras que evaluaban con precisión la aversión a los chismes negativos. El componente experimental del estudio 5 arrojó un hallazgo interesante: los sentimientos temporales de exclusión no aumentaron inmediatamente la receptividad al chisme, lo que sugiere que la exclusión social crónica, más que la de corto plazo, desempeña un papel más importante en la formación de las actitudes hacia ser objeto de conversación.
Los investigadores reconocen que utilizar escenarios hipotéticos en lugar de ejemplos reales de chismes presenta una limitación.
En general, este estudio desafía nuestras suposiciones sobre la indeseabilidad universal del chisme. Si bien la mayoría de las personas prefiere la privacidad, ciertas personas —en particular los hombres, los adultos jóvenes y aquellos con tendencias narcisistas— parecen considerar el chisme como una validación de su importancia social, independientemente de si la conversación es positiva o negativa.
Fuente: Self & Identity
Articulo original:
Título: Openness to Being Gossiped About: Understanding Gossip from the Target’s Perspective.
Autores: Andrew H. Hales, Meltem Yucel y Selma C. Rudert.
