La soledad desconecta mente y emociones

La soledad desconecta mente y emociones

Un estudio reciente publicado en Biological Psychology sugiere que la soledad no solo es una experiencia emocional, sino también un estado que cambia la forma en que el cerebro procesa el mundo social. La investigación encontró que en las personas solitarias existe una desconexión entre sus reacciones cerebrales y lo que sienten conscientemente ante situaciones sociales negativas.

La soledad se ha relacionado desde hace tiempo con riesgos para la salud física y mental, como enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo. Según la teoría evolutiva de la soledad, el aislamiento provoca un estado de hipervigilancia: el cerebro se vuelve más sensible a posibles amenazas sociales en un intento de reconectar con otros. Este esfuerzo constante puede agotar los recursos cognitivos y dificultar la regulación emocional.

Para explorar estos mecanismos, investigadores de la Academia Polaca de Ciencias estudiaron a 120 adultos jóvenes, divididos en grupos con alta y baja soledad. Utilizaron estimulación eléctrica leve y no invasiva sobre la corteza prefrontal dorsolateral, una región del cerebro clave para controlar emociones y pensamientos. Mientras recibían la estimulación, los participantes observaban imágenes negativas (sociales y no sociales) y evaluaban cuánto malestar les provocaban, mientras su actividad cerebral era registrada.

Los resultados mostraron que, cuando se estimulaba el lado izquierdo de esta región cerebral, las personas con altos niveles de soledad percibían las imágenes sociales negativas como menos desagradables. Sin embargo, sus registros cerebrales no mostraban una reducción equivalente en la respuesta emocional. Es decir, el cuerpo reaccionaba de forma similar, pero la persona sentía que la situación era menos negativa. Esto sugiere que la soledad puede afectar la capacidad de reconocer con precisión las propias emociones.

Además, la estimulación ayudó al cerebro a activar mejor los circuitos implicados en la regulación emocional, aunque paradójicamente los participantes percibían que sus intentos de controlar sus emociones eran menos eficaces. Esto indica que la soledad implica un desajuste complejo entre lo que el cerebro procesa automáticamente y lo que la persona percibe conscientemente.

Aunque el estudio tiene limitaciones —como haberse realizado solo con adultos jóvenes y en tareas breves de laboratorio—, aporta una idea importante: la soledad no se reduce a “sentirse triste”, sino que modifica la forma en que el cerebro interpreta y regula las experiencias sociales. Estos hallazgos abren la puerta a futuras intervenciones, incluyendo técnicas de estimulación cerebral, que podrían complementar la terapia psicológica para reducir el impacto del aislamiento social.

Referencias:           

Título: Targeted neuromodulation of the left dorsolateral prefrontal cortex alleviates altered affective response evaluation in lonely individuals.

Autores: Szymon Mąka, Marta Chrustowicz y Łukasz Okruszek.

Publicado en: Biological Psychology.

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