Un estudio reciente publicado en Journal of Experimental Social Psychology analizó cómo ciertas culturas laborales influyen en la forma en que las mujeres viven y expresan su identidad de género en el trabajo. En particular, se centró en entornos que promueven la llamada “competencia por la masculinidad”, es decir, lugares donde se valora la competitividad agresiva, la dureza emocional, el dominio y la falta de vulnerabilidad, rasgos tradicionalmente asociados con lo masculino.
Los investigadores encontraron que, en este tipo de culturas, muchas mujeres tienden a minimizar u ocultar su género como una estrategia para integrarse y proteger su estatus personal. No se trata necesariamente de que sufran discriminación directa, sino de que el propio ambiente laboral envía el mensaje implícito de que lo masculino es la norma del éxito y que lo femenino tiene menor valor.
A través de cuatro estudios con miles de participantes —incluyendo escenarios hipotéticos y encuestas a empleados reales— se observó un patrón claro: cuando las mujeres perciben que su lugar de trabajo glorifica normas masculinas agresivas, sienten que su grupo de género es menos respetado. Esta percepción se asocia con una menor sensación de estatus personal y con conductas de distanciamiento, como evitar destacar su género o alejarse de otras mujeres. Este efecto no se observó en los hombres.
Además, los resultados mostraron que este distanciamiento no es inevitable. Cuando se refuerza explícitamente la idea de que las mujeres son respetadas y valoradas dentro de la organización, incluso en entornos competitivos, la tendencia a ocultar la identidad femenina disminuye de forma significativa. Esto sugiere que el problema central no es la competencia en sí, sino la devaluación simbólica del grupo femenino.
Los autores concluyen que las culturas laborales excesivamente agresivas pueden socavar, sin intención explícita, el sentido de pertenencia y autenticidad de las mujeres. Esto tiene costos personales y también dificulta los esfuerzos por lograr mayor inclusión e igualdad. Por ello, mejorar la cultura organizacional —y no solo combatir la discriminación abierta— es clave para crear espacios de trabajo donde todas las personas puedan desarrollarse plenamente.
El estudio reconoce algunas limitaciones, como el uso de datos autodeclarados y una visión binaria del género, y plantea futuras líneas de investigación sobre cómo estas dinámicas afectan a mujeres de distintos orígenes étnicos y a personas no binarias o transgénero.
Referencias:
Título: Masculinity contest cultures lead to self-group distancing in women.
Autores: Jenny Veldman y Andrea C. Vial.
Publicado en: Journal of Experimental Social Psychology.
Escucha este artículo en audio a continuación:
