La caída de la natalidad en China se ha convertido en una importante preocupación nacional, y un nuevo estudio publicado en Biodemography and Social Biology sugiere que la exigente cultura laboral del país podría ser en parte responsable. La investigación muestra que trabajar más de 40 horas semanales reduce significativamente el deseo de tener hijos. Las horas extras, los turnos de noche y la disponibilidad constante dificultan la conciliación de la vida laboral y familiar, un hallazgo con importantes implicaciones para las futuras políticas de población.
La tasa de fertilidad en China ha seguido disminuyendo a pesar de que el gobierno ha implementado una serie de políticas destinadas a fomentar la natalidad. Tras décadas de estricto control demográfico, incluyendo la conocida política del hijo único, China ha adoptado medidas para permitir dos e incluso tres hijos por familia.
Sin embargo, estos esfuerzos han tenido un éxito limitado. La tasa de natalidad sigue siendo baja, y el país se enfrenta ahora a los desafíos sociales y económicos del envejecimiento de la población, incluyendo la disminución de la fuerza laboral y una mayor presión sobre los sistemas de apoyo social. Si bien las limitaciones financieras y el costo de la vivienda se citan a menudo como obstáculos para formar una familia, los autores del estudio argumentan que la escasez de tiempo, en particular debido a las largas jornadas laborales, puede ser igual de importante.
Para investigar este tema, investigadores de la Universidad de Nankai y la Universidad Tecnológica de Henan utilizaron datos de los Estudios de Panel Familiar de China (CFPS) de 2020, una encuesta a gran escala realizada a más de 20.000 personas de todo el país. El CFPS recopila información detallada sobre demografía, empleo, ingresos, salud y vida familiar. En este estudio, los investigadores se centraron en las horas de trabajo semanales declaradas por los encuestados y en sus respuestas a la pregunta sobre si tenían intención de tener un hijo en los próximos dos años. Las personas que trabajaban más de 40 horas semanales se clasificaron como personas que realizaban horas extra, según los estándares de las directrices laborales internacionales y la legislación laboral china.
El equipo analizó cómo las horas extras afectaban las intenciones de fertilidad, considerando diversos factores, como la edad, el sexo, la etnia, los ingresos, el estado civil y la región. Utilizaron datos provinciales y municipales para examinar las variaciones regionales y exploraron cómo los diferentes tipos de horas extras —como los turnos de fin de semana, los turnos de noche y las guardias— podrían afectar la disposición de las personas a formar o ampliar sus familias.
Los resultados fueron claros: trabajar horas extras tuvo un efecto negativo fuerte y estadísticamente significativo en las intenciones de fertilidad. Este patrón se mantuvo en casi todas las provincias y ciudades analizadas. Cuantas más horas trabajaban las personas, más allá de la semana estándar de 40 horas, menos probable era que dijeran que planeaban tener hijos en un futuro próximo. Esta tendencia fue especialmente pronunciada entre quienes trabajaban de 40 a 50 horas semanales, donde las intenciones de fertilidad disminuyeron con mayor intensidad. Quienes trabajaban más de 60 horas semanales mostraron respuestas más variadas, pero el efecto general seguía siendo negativo.
Al dividir las horas de trabajo en segmentos más pequeños, los investigadores descubrieron que los horarios de trabajo moderados, especialmente aquellos de entre 0 y 20 horas semanales, se asociaban con una mayor intención de tener hijos. Entre 20 y 40 horas, el efecto fue desigual: algunas personas estaban más dispuestas a tener hijos a medida que aumentaban las horas, mientras que otras no. Sin embargo, una vez superadas las 40 horas de trabajo, los efectos negativos sobre la fertilidad se intensificaron considerablemente.
El tipo de horas extra también era importante. Las personas que trabajaban habitualmente los fines de semana, por la noche o que debían estar disponibles las 24 horas, los 7 días de la semana, eran significativamente menos propensas a planificar la atención de los hijos. Este tipo de horarios interfiere no solo con el descanso físico, sino también con la vida familiar y social. El trabajo de fin de semana y los turnos de noche interrumpen las rutinas, reducen el tiempo con la pareja y pueden generar fatiga crónica. Estar constantemente de guardia añadía otra capa de estrés, manteniendo a las personas mentalmente atadas a sus trabajos incluso fuera del horario laboral. Los autores sugieren que esta pérdida de tiempo personal deja poco espacio para planificar o criar una familia.
También se observaron diferencias según el género y el estado civil. Las mujeres mostraron una mayor respuesta negativa a las horas extra que los hombres, lo que sugiere que las largas jornadas pueden ser especialmente onerosas para las mujeres, quienes aún asumen una mayor parte del cuidado de los hijos y las responsabilidades domésticas. Las personas solteras también se vieron más afectadas que las casadas, posiblemente porque aún se encuentran en la etapa de la vida en la que las decisiones sobre la fertilidad son más flexibles.
Para explorar si ciertas condiciones laborales podrían mitigar el conflicto entre los objetivos laborales y familiares, los investigadores examinaron algunos posibles factores moderadores. Los acuerdos laborales flexibles —donde los empleados podían elegir su horario de entrada y salida— tuvieron un efecto positivo en las intenciones de fertilidad. Cuando las personas tenían mayor control sobre sus horarios, eran más propensas a considerar tener hijos.
De igual manera, la satisfacción con las oportunidades de ascenso profesional y los salarios se relacionó con una mayor intención de procreación. Las vías de ascenso transparentes y una remuneración justa pueden ayudar a los empleados a sentir que su carrera no se verá afectada por tener hijos. Otro factor importante fue el seguro de maternidad, que también se asoció con una mayor disposición a tener hijos. Estos beneficios laborales pueden reducir la carga financiera y psicológica de la maternidad.
Sin embargo, existen limitaciones que considerar. El estudio se basa en datos transversales de un solo año, por lo que no puede rastrear cambios en las intenciones de fertilidad a lo largo del tiempo ni demostrar definitivamente una relación causal. Las intenciones de fertilidad no siempre se traducen en nacimientos reales, y las circunstancias personales, como las relaciones o la salud, también pueden influir en las decisiones de planificación familiar. Además, aunque la CFPS es una encuesta amplia y representativa, es posible que no capture todas las formas de trabajo informal o no declarado, que aún es común en algunas partes de China.
Fuente: Biodemography and Social Biology
Articulo original:
Título: Reasons for the continued decline in fertility intentions: explanations from overtime work. Autores: Jiawei Zhao, Yuxuan Li y Wenqi Li.
